viernes, 22 de septiembre de 2017

Erasure - World Be Gone (2017)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Si mi último artículo de la temporada pasada estuvo motivado por mi asistencia al concierto que el dúo Erasure daría en Londres para presentar su más reciente álbum “World Be Gone”, justo es que en esta rentrée mi primer artículo este dedicado precisamente a dicho álbum.

Poco se puede decir del grupo que no sea bien sabido. Vince Clarke después de hacerse una reputación en el pop electrónico como el mago de los sintetizadores gracias a formar parte de grupos como Depeche Mode y Yazoo. Alcanzó la estabilidad artística al encontrar al cantante Andy Bell con el que formó Erasure, proyecto que lleva funcionando desde 1985 y que tras un primer periodo difícil lograría un gran éxito sobre todo entre los años 87 al 94, su época dorada; álbumes como “The Innocents” (1988) o “Chorus” (1991), auténticas biblias de pop electrónico o clásicos en formato single como “A little respect” o “Always”.

Después de celebrar el año pasado 30 años de carrera, donde han demostrado sin duda ser los auténticos reyes del technopop, el grupo parece decidido a seguir sorprendiéndonos. Prueba de ello es este último álbum “World Be Gone” que pasamos a analizar.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Love you to the sky”: El álbum comienza de manera muy luminosa con el que ha sido el single principal del disco y curiosamente la canción que menos tiene que ver con el espíritu del mismo como veremos. Estamos ante un tema con un toque ciertamente eurovisivo a lo “I could fall in love with you” de su album “Light At The End Of The World” (2007), donde destaca claramente la percusión electrónica, se trata de un tema muy simple y pegadizo realmente efectivo.

2. “Be careful what you wish for”: Es con este segundo tema con el que Erasure van a marcar todo el ritmo del álbum; un tono melancólico, triste por momentos y haciendo hincapié y haciendo critica del mundo en que vivimos. El tema se abre con unas notas salteadas de sintetizador que nos introducen a una atmosfera inquietante y más oscura de lo que el grupo nos tiene acostumbrado. Andy suena realmente emotivo y en el estribillo se muestra incluso hiriente. Sn duda uno de los mejores temas del álbum.

3. “World be gone”: El tema que la da el título al lp y segundo single del mismo es otro exquisito medio tiempo que parece que quiere recoger el espíritu de su álbum homónimo de 1995 por lo que tiene de atmosférico, pero condensado en tres minutos. El resultado es excelente. El grupo consigue enganchar al oyente con un tema muy poco dado a la euforia con esa multitud de efectos que Vince sabe tan bien colocar en las canciones o ese magnífico puente marca de la casa.

4. “A bitter parting”: Aquí pareciera que Vince se está autoplagiando con ese comienzo a lo “Only you”, aunque luego el tema cambia totalmente en una nueva balada o medio tiempo esta vez mucho menos inspirado (solo hay que comparar el insípido puente de este tema con el fabuloso del anterior). Hay que destacar la gran interpretación de Bell, que demuestra que su voz sigue estando en muy buena forma.

5. “Still it’s not over”: El disco vuelve a subir muchos enteros con esta nueva balada que se abre con unos solemnes toques de piano y que nos llevan a una estructura completamente minimalista y oscura donde Bell nos habla de las luchas del pasado, del esfuerzo y del milagro que supone haber llegado a este punto. Sin duda una clara referencia a la lucha por los derechos del colectivo gay, pero que en ningún caso, la lucha está terminada, pues aún existen numerosos lugares del mundo (como la morería por ejemplo) donde no han empezado siquiera. Sin duda, es el gran momento del álbum destacando ese potente coro a lo gospel en el estribillo.
6. “Take me out of myself”: Cuando escuché esta canción en una primera versión acústica que presentaron un año antes, la verdad es que no me dijo demasiado. Es muy curioso como en esta nueva versión totalmente electrónica han conseguido crear una balada (sí, otra mas) con un toque bastante sensual donde Bell pide un poco que le salven de sí mismo. Una muy bella canción que hace bueno eso de que menos es más, pues con unos pocos efectos consiguen un tema realmente emotivo.

7. “Sweet summer loving”: En este tema tenemos un claro contraste entre unos versos más bien sombríos que se resuelven en un estribillo más luminoso pero bastante empalagoso que llega a cansar y por otro lado, aquí Vince tampoco está muy creativo. En definitiva un tema que baja el nivel del álbum por mucho que sea el favorito de Andy Bell.

8. “Oh what a world”: Quizás el tema con más enfoque social del álbum, en el que Bell llega a decir la famosa frase “que paren el mundo que me bajo” en un arranque de frustración y de impotencia ante un mundo que se va degradando cada vez más sin que la gente se percaté de ello. El comienzo del tema es ciertamente frio y hasta robótico con Bell recitando más que cantando y con muy buenos giros inesperados tanto a nivel instrumental como vocal, lo cual hace que estemos ante otro tema a destacar y como se pueden imaginar no es un tema de baile. Ya a estas alturas hemos llegado a la conclusión que la música dance ha sido prácticamente proscrita de este álbum.

9. “Lousy sum of nothing”: Esta canción actúa un poco como prólogo de la anterior, con una temática social muy parecida pero esta vez se opta por ritmos más lentos y un estribillo donde Bell canta pasionalmente frases ya muy manidas tipo “no vas a criticar la injusticia en este mundo” que realmente le hacen bajar puntos a la canción.

10. “Just a little love”: Si el tema anterior era bastante simple, éste que cierra el disco sigue esa misma tónica aunque esta vez de una manera mucho más positiva; si en “Lousy sum of nothing” nos decían que “el mundo había perdido su encanto”, aquí afirma que con solo un poco de amor el mundo vale la pena. Es curioso como los dos únicos temas bailables del disco son el que lo abre y éste que lo cierra, aunque “just a little love” no es que sea un tema con el que se te vayan los pies del suelo como con “Love you to the sky”. Simplemente es un tema simpático, sin pretensiones y con muy poca producción, algo que a algunos les puede parecer un error y a otros un acierto por ese sonido tan desnudo del tema, lo cual le da un curioso toque naif muy especial. Esta canción ha sido elegida como tercer y hasta ahora ultimo single extraído del álbum y para su lanzamiento se ha realizado un remix muy enfocado a la música dance.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Claramente “World Be Gone” no es un álbum como los que forman el grueso de la producción del grupo, sino que pertenece a esos discos que se marcan de vez en cuando y que se salen de su zona de confort. Aquí claramente Erasure han hecho su disco de baladas, ya tienen su disco navideño y su disco acústico y les faltaba hacer uno como este que entraría en la categoría de discos rarunos del grupo como “Loveboat” (2000) o “Erasure” (1995).

En general estamos ante un disco con una serie de baladas y medios tiempos en su mayoría notables, rotos por las dos excepciones comentadas. Quizás decepcione a los fans más atraídos por el aspecto dance del grupo, pero eso no quita que el disco más bailable o menos sea igualmente destacable.

Lo curioso es como un disco tan poco comercial como éste ha conseguido un buen resultado entrando directamente al número 6 en UK, algo que no conseguían desde hace dos décadas. Y a nivel europeo tampoco les ha ido mal: como les comenté, Erasure se han pasado el verano recorriendo estadios por toda Europa como artistas invitados (vamos, que eran los teloneros) de Robbie Williams y qué duda cabe que esto les ha dado una publicidad extra y un montón de pasta que meter en la huchaca.

El futuro del grupo pasa por una gira internacional ya como protagonistas principales a principios de 2018 y quién sabe si algún lanzamiento nuevo para promocionar en la misma. Una gira que se rumorea (una vez más) que podría pasar por España, esperemos que no se quede en un rumor como siempre.

Texto: Alfredo Morales.
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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Concierto La Broma Negra. Madrid (16-09-2017)

SINOPSIS (por Víctor Prats).
Esperábamos a 5 componentes de La Broma Negra sobre el escenario, pero por motivos que más tarde nos contaría personalmente Carlos Caballero, se mantuvo el cuarteto últimamente tradicional. Y es que La Broma Negra personalmente me cuesta entenderla a día de hoy con la falta de alguno de los 4 componentes actuales. ¿Qué decir de Carlos Caballero? Su cantante y líder espiritual, con esa voz tan personal y solemne puesta en escena. El gran Álex Gómez, siempre imprescindible en sus guitarras y que en esta ocasión brilló más que nunca su trabajo debido a la producción de la mesa de mezclas (¿pudiera ser la nueva guitarra que usó para esta ocasión, la cual no le había visto hasta la fecha de su profundo fondo de armario instrumental?). David Infantes, básico a la hora de hacer más humano el trabajo melódico electrónico de las composiciones y en su faceta de sesudo trabajador desde el lateral derecho del escenario. Y Laura Pérez, cada vez con más confianza y protagonismo escénico, tanto en la percusión, coros y bailes que acompañan los distintos pasajes que ofrece el grupo cada noche que se sube a unas tablas.
Da igual lo que suene. En ese sentido ya nos lo comentó una vez Carlos Caballero, en una expresión de seguridad, que no de soberbia: “cualquier canción de nuestro repertorio funciona”. Y es verdad. Da igual que el grupo prescindiera de 2 de los hits más notorios de su último disco como son “Franco tenía un polvo” o “Las chicas de El Corte Inglés”. Llenaron hora y 55 minutos a base de composiciones de alta solvencia y distinto sentir. Carlos mantenía la intensidad a alto nivel, cosa demostrada en el tramo final por ejemplo en “Protege tus secretos”. La nueva sala Rock-ola, llena de los feligreses habituales de la formación y nuevos curiosos y curiosas que se van sumando a la parroquia, disfrutaba con cada tema que La Broma Negra nos iba facturando.
Buena actuación, de alguna manera fin de gira de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” y que ha tenido lugar en mitad del proceso de ensamblaje de lo que será la nueva entrega discográfica de la formación, la cual verá la luz en noviembre y por lo visto ha supuesto un esfuerzo intenso a los componentes de La Broma Negra. El poder hablar con los componentes del grupo al final de su show y en especial la larga tertulia musical con Carlos Caballero a última hora (con generoso porcentaje de tiempo concedido a mi idolatrada Kate Bush), sumaron efectos a una satisfactoria noche de sábado. Siempre resulta aprovechable acudir a una ceremonia musical elaborada por La Broma Negra y dejarse llevar por sus ritmos y melodías.

CRÓNICA (por Mariano González).
Cada año, y esperemos que dure muchos más, en “DMR” esperamos con expectación y gran ánimo un puñado de fechas jolgoriosas y divertidas diseminadas por el calendario y que nos tomamos como fiestas de guardar. Nos referimos, claro está, a los conciertos de La Broma Negra, que por repertorio, actitud, puesta en escena y disfrute son eventos inexcusables. La ventaja es que además es un grupo que podríamos llamar “de proximidad” para nosotros, tanto por la empatía que existe entre “DMR” y ellos, como por la cantidad de eventos ofrecidos en Madrid y alrededores. Imagínense qué privilegio supone eso cuando admiras a un grupo. Ni Víctor Prats ni yo podíamos faltar.
En esta ocasión el lugar del concierto era la “renacida” sala Rock Ola, sitio que ya ha sido visitado por nosotros este año con motivo del directo de Aviador Dro el pasado Mayo. La sala me resulta simpática; ya que por edad uno no tuvo la oportunidad de pisar el local primigenio, bueno es que haya un remedo que conserve ciertas esencias. Servidor, siempre sensible al fetichismo nostálgico, se siente a gusto en una sala donde campan por las paredes carteles de pretéritos conciertos (de la época de La Movida) con nombres como Siouxsie and the Banshees, Simple Minds o Radio Futura, p. ej. Y sobre todo me sentí muy a gusto por los sillones situados a ambos laterales del escenario y que hacen más fácil disfrutar del directo a gente con impedimentos físicos como yo. Para redondear un auspicioso previo de concierto, mientras Víctor Prats y yo hablábamos, la música que se iba pinchando era magnífica; qué gusto escuchar de una tacada “Doors unlocked and open” de Death Cab for Cutie, “Fools gold” de The Stone Roses, “1979” de Smashing Pumpking y “A forest” de The Cure”. Y en esas estábamos cuando todo comenzó.
Empezaremos mirando con un gran angular para luego ir diseccionando detalles. El concierto sonó de forma impecable; limpio, nítido, cristalino. Los detalles sonaron diáfanos y no existieron impedimentos sonoros que emborronaran la estupenda actuación de La Broma Negra. La sala ya hemos dicho que resultó a entera satisfacción de todos, incluyendo un público que sin ser particularmente numeroso siempre se mostró metido, partícipe y, con bastante frecuencia, entusiasmado. Era como una congregación unida devótamente para deleitarse en una celebración íntima pero de gran fuerza. Una vez en las tablas pudimos ver la estética del grupo -un aliciente-, siempre original. Carlos Caballero lucía una mezcla de varias cosas, por un lado un sombrero Fedora (creo), chaqueta (luego se despojó de ella) y unos pantalones con balas adheridas al cinturón. Piensen en una especie de Indiana Jones y en un personaje del Far West mezclados. Iba tiznado, además, con el ya característico hollín, como un menesteroso bohemio salido de alguna historia dickensiana. Imagen potente y aguerrida. Alex Gómez, por su parte, salió con una especie de hábitos negros, llamativos pero de sobriedad monástica. David Infantes muy adusto, con chaleco negro y gafas oscuras, mientras que Laura Pérez comenzó el concierto cubierta totalmente con un manto encarnado del que se despojó tras la primera canción, ofreciendo un look entre sensual y de ribetes orientales. Los más proactivos fueron Carlos, sin duda un gran maestro de ceremonias, y Laura Pérez que aparte de su papel de percusionista y voz secundaria, también oficia de bailarina, usando para ello adminículos diversos (tal como vimos anoche): ya sea unas alas refulgentes o una manzana que ofrece tentadoramente desde el escenario.
Siempre creo que elaborar un set list debe entrañar dificultades para La Broma Negra; tienen un notabilísimo repertorio tanto en calidad como en cantidad y siempre se esfuerzan por ofrecer una combinación novedosa y prácticamente imprevisible. Puede que haya canciones habituales pero no hay vacas sagradas, del mismo modo que hay canciones quizá más esporádicas pero en ningún caso olvidadas. El comienzo me sorprendió para bien; el fuego se abrió con “Canción de cuna” que pasa por ser una de mis favoritas de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra”. Magníficamente interpretada y potenciando incluso su atmósfera opresiva y semblanza gótica. A terrenos enérgicos nos llevó la segunda canción, que fue nada más y nada menos que “Heridos”, con un magnífico trabajo de Laura Pérez en la percusión y un ambiente que empezaba a caldearse a base de colmillo y buen hacer.
Como para ofrecer a La Broma Negra en todo su esplendor polifacético sonó a continuación “Balas para matar el tiempo”, buen representante de su lado más pop y personalmente una de mis favoritas. Además ya es un pequeño clásico. Toca volver a su último disco (no ya por mucho tiempo, por cierto) de la mano de “Despierta a la guardia” y fue una lástima que se saltaran la intro que se puede escucharse en el LP; ese cambio de ritmo me encanta, pero la parte movida fue de nuevo interpretada ajustada y potente. “Tos de medianoche” y su épica melancólica fue una buena continuación que a su vez enlazó de perlas con la decadente balada de “El buen amor”, siempre hermosa y doliente. Durante esta canción Laura se colocó sobre la cabeza una especie de cubrecabezas (valga el término) poblando de velas. Algo que ya han usado alguna vez anterior y que infunde un toque curioso a la música.
De momento ya vamos viendo los diversos ambientes que propician un concierto de La Broma Negra: lúgubres, hermosos, melancólicos, contundentes. Y esto no ha hecho más que empezar. “La enfermedad del beso” fue un firme regreso a “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” con unos musculosos riffs de guitarra de Alex, aportando rock al evento. Lo siguiente que vino es un momento que siempre me encanta. Hablo de “Los reyes no morirán en su cama” que con su ritmo marcial inocula sangre jacobina a los asistentes y nos lleva a clamar, sin movernos del sitio, contra el absolutismo de la Francia de finales del XVIII. Potente y catártica como siempre. Para contrapesar continuamos con la más bucólica y reflexiva “El guardabosques”. Y a continuación uno de mis momentos favoritos de la noche, “Los niños de Dickens”. Qué gusto escuchar una letra donde aparte de Dickens se menciona a Cervantes y a, siempre me lo pregunto, ¿Dostoievski? (por lo de “humillado y ofendido”). Todo ello en los tiempos del “Despacito”. Y además se menciona el Madrid de los Austrias. La leche. Pero es que además fue interpretada magistralmente, con viveza y emoción. “Mientras ella cerraba las cortinas” se ha ido convirtiendo en una de mis predilectas de entre sus últimas canciones.
Excelentes ambientes creados por los teclados de David Infantes y hermosas, además de algo tristes, (y veladas) referencias a Walt Disney. Otro clásico que regresó con justicia a ser protagonista fue “Fantasma”, aportando tanto misterio como una enigmática intensidad. No en vano Edgar Allan Poe es el protagonista, y la canción una gozada. “Nuestro amor destruirá el mundo” fue interpretada de manera rigurosamente distinta a como aparece “Déjanos La Luz Encendida”, abandonando totalmente las potentes guitarras de Álex para ofrecer un acompañamiento exclusivo de los teclados de David, que realizó un excelente trabajo. Quedó hermosa y sugerente, aunque alguna vez me gustaría escuchar la versión rockera primaria en vivo. Tiempo después para la oscura amargura de “Domingo de pasión” con una magnífica interpretación vocal de Carlos, formando con la anterior canción una interesante dupla de “Déjanos La Luz Encendida”. El bonito y siniestro cuentecillo de “Los hijos de las brujas” puso, por su parte, un toque de ensoñación y buenas atmósferas; cosa esta última que ha sido tendencia en los últimos temas y que aún lo será en “Me vas a hacer llorar”, que desde una perspectiva personal fue uno de los puntos con más carga emocional de la noche. Por las características propias de la canción y por la ejecución.
Tras este intervalo reflexivo es hora de volver a la carga con algo más de artillería y, en este sentido, “Los cuerpos celestes” cumplió sobradamente su cometido, haciéndonos disfrutar además de las bondades instrumentales y vocales de La Broma Negra; magníficos arreglos de teclado de David, contundente percusión de Laura y buena labor de Álex; la voz de Carlos, por su parte, contribuyendo a la belleza barroca de la canción. No bajó el pistón “Virginia en los infiernos”, manteniendo el nivel de épica. A estas alturas empezábamos a echar de menos alguna canción de “Desilusiones De Grandeza”, pero nuestra tribulación fue resuelta de inmediato por partida doble. Primero con “Los muertos”, uno de los momentos ya casi fijos en los conciertos de La Broma Negra y uno de los más pintorescos. Tuvo toda la sobria magnificencia que suele y en la parte del “speech” en inglés Carlos cambió de rol y se puso a los mandos de la percusión, mientras Laura iniciaba un baile perfectamente sincronizado con la canción, punteo de Álex incluido. En esta canción es frecuente que ocurra alguna interpretación un poco fuera de lo normal; en otras ocasiones por ejemplo Carlos incluso abandona el escenario; sea como sea añade un saludable toque teatral. La representación de “Desilusiones De Grandeza” continuó con “Su decisión mi capitán”, lo que significa disfrutar de un estribillo vibrante, afilado y complementado con una mayor presencia vocal de Laura en los coros (cosa que comentamos al final con los miembros de la banda) que incluso tuvo más peso que la de Carlos a ratos. Las dos canciones del “Desilusiones De Grandeza” han sido, como vemos, acertadísimas, pues creo que se puede decir que son justificadamente dos favoritas de los fans. Como pienso que también puede considerarse así a “Cuidado con lo que matas” y su peculiar ritmo contenido, reptante, que cuando pega lo hace también con la letra. Además sirvió para mantener una importante, y agradecida, cuota de “Joyas De Princesas Muertas” durante el show. El siguiente viraje fue de nuevo hacia “Desilusiones De Grandeza” mediante la interpretación de “Protege tus secretos”, resultando un gran acierto, toda vez que el estribillo con “los ángeles de Dios” es de lo mejor de su LP y quizá del grupo en general; además por sus características es idónea para un concierto.
Ya decíamos que el público fue enormemente receptivo y no escasearon los vítores, aplausos, gritos de admiración y… peticiones. Una de las canciones solicitadas con mayor vehemencia fue “Cenicienta” y, en este caso, la solicitud tuvo recompensa. Y lo agradecimos todos; “Cenicienta” es una de las canciones de La Broma Negra que, al menos a título personal, más sensación hedonista me provoca. Por lo bailable y por su misteriosa insinuación. Acercándonos ya a la recta final pudimos escuchar “El descanso de los bañistas”, uno de los singles más curiosos del grupo y que se está haciendo acreedora a convertirse en una habitual de sus directos; su recio estribillo es de los que invitan a acompañar cantando. Tras esta canción Carlos hizo algo curioso, cogió el papel con el track list, lo estrujó hasta hacer con él una pelota y lo lanzó al público. Y es una lástima, conservo alguno de otros conciertos y no hubiera sido mal botín hacerse con éste también, pero como detalle no deja de ser intrascendente. Lo que importa es que el final del directo fue una excelente elección: “Nieto de maestro de escuela”. Lírica y musicalmente una de las cimas del grupo y una manera primorosa de cerrar una actuación; con el público satisfecho y regocijado.
Es de agradecer que el concierto fuera generoso en duración y poder disfrutar de una buena ración de canciones en modo “non stop” (ya saben que usualmente La Broma Negra no ofrece bises) y sin tramos sobrantes u ornamentales. Todo pura sustancia. Haciendo números fueron 25 canciones y casi dos horas de concierto que se pasaron volando. Todos los temas fueron de “Joyas De Princesas Muertas” en adelante, siendo éste el disco más representado con nueve canciones; le siguieron “Déjanos la Luz Encendida” con siete, “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” con seis y “Desilusiones De Grandeza” con tres. Es decir, salvo por éste último, un repertorio equilibrado en cuanto a la participación de discos (aunque conste que sus tres temas fueron puntos álgidos). Da igual. No hay muchos peros que ponerle al set list, el repertorio de La Broma Negra tiene enjundia como para hacer muchísimas permutaciones; todas ellas interesantes.
Uno de los privilegios de tener una relación estrecha con La Broma Negra es la parte del “post concierto”; tiempo de saludar, departir y felicitar a todos en persona. Como siempre, fueron encantadores con Víctor Prats y conmigo, muy atentos y amables. Nuestra conversación fue particularmente larga con Carlos Caballero y como siempre muy interesante. Hablamos de algunos aspectos de su próximo disco y de inminentes proyectos (permanezcan atentos a sus pantallas que la cosa va a tener chicha). Tampoco vamos a desvelar mucho, pero octubre va a ser un mes intenso de trabajo para ellos. Eso sí, lo que podemos certificar es que hablando de música el tiempo se escapa y el minutero corre que da gusto. Como toda buena tertulia fue divertida, fluida y enriquecedora. Todo ello como remate de una gran noche. Cuando nos dispusimos a abandonar la sala comenzaba la actuación de una banda de versiones que empezó interpretando nada menos que “Groenlandia” de Los Zombies. No es mal sitio el Rock-ola para los amantes de la música vintage, siempre que se tenga un concepto muy amplio de lo que es “vintage”, y que puede incluir a Mecano, Echo And The Bunnymen o Abba. De hecho no había mal ambiente, y a eso de las dos y pico podía verse buen ánimo, disposición, y disfrute intergeneracional, con un rango de edades digamos que… bastante amplio.
La Broma Negra es el caso de un grupo que, afeitado de todas las servidumbres y convenciones de la maquinaria comercial, hacen y deshacen siguiendo el único criterio de su voluntad y de su arbitrio, y por eso mismo movidos únicamente por la pasión del oficio de hacer música. Una banda talentosa, absolutamente libre y totalmente comprometida es una rara avis que debería ser especie protegida. Nosotros lo venimos diciendo desde hace tiempo y confiamos en seguir haciéndolo bastantes veces más. Solamente nos queda dar las gracias a La Broma Negra por confiar en nosotros y por ser buenos amigos nuestros.
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miércoles, 30 de agosto de 2017

DMR cubrirá el concierto en Madrid de La Broma Negra (16-09-2017)

Fue premonitorio que hace ya unos años, en una tarde de tertulia musical que compartimos con Álex Gómez y Carlos Caballero de La Broma Negra, les hiciera una foto a las puertas del local que antiguamente fue la sala Rock-ola. Dentro de la actividad excepcional a nuestro largo parón veraniego, no queremos dejar pasar la ocasión de informarles del concierto que el grupo, convertido en la actualidad en quinteto, dará en el nuevo emplazamiento del renacido Rock-ola.

La cita es el sábado 16 de septiembre y las entradas están disponibles a 10 euros. En este show, además de ofrecer un generoso repertorio, como es habitual en los conciertos del grupo, es muy probable que caiga algún adelanto del nuevo disco que editará la banda en los próximos meses.

No se lo pierdan. Un concierto de La Broma Negra siempre es un evento que merece la pena de ser vivido. Agradecemos personalmente al grupo que nos haya vuelto a considerar adecuados para ejercer de cronistas de sus andanzas.
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jueves, 20 de julio de 2017

Concierto Midge Ure. Madrid (15-07-2017)

La pasada semana fue de aúpa en lo artístico-musical como asistente a actuaciones. Pesos pesados sin duda fueron el ya narrado concierto de Pet Shop Boys en el Teatro Real, y -por fin- ver a Plácido Domingo (que es algo así como el Morrissey de la lírica, por su triste historial de cancelaciones en el Teatro Real, por uno u otro motivo) en una ópera en el mismo lugar que a los Tennant-Lowe, justo en el día en que asistía a mi último evento antes de dejar de ser abonado a las temporadas operísticas tras 5 o 6 años. Pero, sin ningún lugar a dudas, para mí la fecha señalada a fuego en el calendario era la cita que comienzo a narrarles.
Inciso importante: advertir a los no habituales seguidores de “DMR”, que si quieren leer exclusivamente la crónica musical, avancen unos cuantos párrafos, ya que ahora comienzo a narrar la experiencia personal íntegra y el proceso completo desde que me enteré de la actuación de Midge Ure hasta que acabó la noche.
Y es que servidor de ustedes es muy fan de Ultravox y de la carrera de Midge Ure en solitario. Después de mi pódium de preferencias (ya sabrán los allegados: The Cure, The Smiths/Morrissey y Depeche Mode), luego hay un núcleo de bandas a un segundo nivel que adoro (Talk Talk, Spandau Ballet, The Killers, Tears For Fears, Talking Heads/David Byrne, todo lo que rodea a Genesis, y alguna que otra más) dentro del que están Ultravox y el sr. Ure.
Fue Carlos Caballero, buen amigo y cantante de La Broma Negra, quien por Whatsapp me envió un mensaje informándome (de lo contrario, quizás no me hubiera enterado de la actuación). Él dudaba de si asistir, ante lo cual yo le dije que por mi parte no tenía ninguna duda y que corría a sacarme la entrada. Dentro del núcleo de colaboradores de “DMR” se sumaron al plan Mariano González, afrontando con valentía y determinación la superación de sus problemas de sostenimiento en pie, y Óscar Cañas. Lo que daba por hecho que Javier “Crow” Arribas, líder del grupo The Crow Project, gran seguidor de Ultravox y Midge Ure (de hecho tiene la autobiografía de Midge), tendría su entrada; la sorpresa fue hablar con él vía chat de Facebook la misma mañana del concierto y descubrir que no tenía entrada porque se enteró el día anterior y no se había animado por motivos personales y pensar que ya no quedarían tickets. Por fortuna, entró en la web oficial de compras y sacó su entrada sumándose al plan.
Yo llegué a las puertas de sala Arena a eso de las 19:50h, media hora antes de lo que llevaba pensando mucho tiempo, ya que cuando saqué la entrada no había previsto aún artista invitado, pero finalmente sí que lo hubo y la apertura de puertas se fijó definitivamente a las 20:00h. Había ya una cola bastante notable, la cual me sorprendió en parte (recuerdo que en eventos parecidos, como el de Madness en La Riviera de 2009, llegué 5 minutos antes de abrir puertas y no había más que 2 personas). Óscar Cañas llegó antes. A eso de las 19:25h y gracias a él conseguimos un mejor lugar en la sala; por lo visto hubo gente que no se tomó a bien que llegara antes un amigo y que nos guardara sitio en la cola: muchas otras veces me ha pasado al revés y jamás lo he visto como algo raro, la verdad. En fin. Nos colocamos en primera fila en el lateral izquierdo del escenario. Allí Mariano pudo encontrar un lugar donde apoyarse con regularidad para poder vivir bien el show. Se ve que hubo torpes que se colocaron detrás de mí y de otro chico de estatura similar a la mía y hubo algún comentario en plan queja; lo que está claro es que a pesar de que la sala Arena no es muy grande, sí que hay espacio para ponerte en otro lugar que no sea detrás de un tío de 2 metros. Si aún así haces eso y te quejas, es que eres poco hábil, sin más (no se trata del caso de que alguien se te ponga delante, no). Carlos Caballero y Laura Pérez de La Broma Negra llegaron casi al finalizar la actuación del artista invitado y dentro de la sala nos encontramos con Mary, buena amiga que conozco desde que coincidimos en la puerta del Palacio de los Deportes para entrar a la primera de las fechas en Madrid del “Touring The Angel” de Depeche Mode en 2006, perteneciente a un grupo de fieles de la música electrónica entre los cuales está el mítico Richard Saura, que en esta ocasión se perdió este gran show de quien liderara la etapa más masiva de Ultravox en los años 80.
Comenzamos con lo musical. Y empezamos por el artista invitado. A pesar de que nos encontremos a veces sorpresas brutalmente agradables como la que nos supuso Pixx hace pocos meses al ir a ver a Austra, nos sigue dando pereza que haya alguien antes de a quien vayamos a ver. De esto me enteré el mismo sábado cuando estaba hablando con Javi “Crow”. Sin embargo, al comentarlo en el grupo de Whatsapp de colaboradores de “DMR” que tenemos, Mariano González rápidamente nos informó que los invitados eran After The Rain.
Y eso cambió mi percepción. Pasé de la pereza irremediable a las ganas y expectación. Ya saben que After The Rain han pasado por aquí con revisión de uno de sus discos y de una de sus actuaciones en Madrid de los últimos años. No obstante, hasta hoy, dentro del equipo redactor de “DMR”, fue Alfredo Morales quien se encargó de hablar sobre el grupo. Hoy seré yo. Tenía ganas de ver a la banda, ya que “Kings Without A Crown” es un disco que he tenido ciertamente presente desde que lo revisamos por estas tierras y quería ver a After The Rain en acción.
La banda tiene nuevo disco, “The Other Side Of The Crown” (con caras b, remixes y rarezas) y ofrecieron 35 minutos de actuación con temas de su primer disco y de la nueva entrega e incluso haciendo un homenaje a Bowie en forma de versionar dignamente “Heroes”. Estuvimos justo delante de los teclados de su vocalista, José Ícaro. Al otro lado teníamos a Yun L. Díaz en sus teclados y ahora el dúo se ha convertido en trío con la incorporación del bajista y guitarra Óscar Nihilism, que también, curiosamente, ha hecho que La Broma Negra pase de cuarteto a quinteto, siendo común en ambas formaciones; luego bromeé con Carlos Caballero sobre el crecimiento de componentes de La Broma Negra, advirtiéndole que iban a parecer pronto unos Arcade Fire, y me dijo que su intención, no sé si en serio o en broma, es que fueran 7 en el escenario en un futuro. Viendo que iba a ser la última canción, capturamos en vídeo la comentada versión de “Heroes”.

After The Rain estuvieron de nota alta. Arrancaron con fuerza con la efectiva “A pleasure like you”, que sirvió a la perfección para que la sala se pusiera acorde a. Aprovecharon la pantalla de fondo de la sala Arena para completar su show musical con proyecciones muy llamativas y variopintas (destacó una con un Godzilla viral muy bailongo, memorable) que le venían muy bien a las canciones que interpretaron. José Ícaro me demostró en directo ser un cantante notable, que maneja muy bien su registro; solamente tuvo serios problemas en un tema, por fallos del cable del micro que se iba y venía. After The Rain tienen muy claro qué estilo profesan y lo ejecutan bien. Con solvencia. Se demostró que en la sala había muchos seguidores del grupo que vivieron con muchas ganas la actuación. Para los que no conocían el grupo, Ícaro ya se encargó de dirigir al público para que la cosa se encendiera cuando hacía falta. Aquí debajo el grupo desde la posición de Mariano González, que encuadró también las cocorotas de Óscar Cañas y servidor.
Aprovecharon bastante bien sus minutos, con ejemplos potentes de su repertorio que animaron mucho a la sala Arena. Destacó mucho en el tramo final “Invincible (you are the one”. Lo que no vi muy claro es el quizás gustazo personal que se dio el grupo al versionar la citada “Heroes”; cierto es que es single de su último trabajo y les quedó muy bien, pero yo hubiera aprovechado para meter otro de sus grandes ejemplos, como es ese hit en potencia llamado “Future will be fine”, que solamente sonó en el hilo musical antes de que el grupo saliera a escena. Salvo este pequeño matiz, que quizás sea percepción mía, After The Rain cumplieron a la percepción y se anotaron otro hito en su trayectoria como es el de ser artista invitado de Midge Ure, cosa que ya han hecho en el pasado con formaciones tan relevantes como De Vision.
Fue terminar After The Rain y se vivió el cambio de set más rápido en un concierto de este estilo que he vivido en mi vida. Tanto que Midge se plantó en el escenario (bajando desde el piso de arriba) antes de la hora prevista en la entrada que eran las 21:30h. A las 21:22h ya estaba encima del escenario, lo cual me pilló de espaldas y de sorpresa, ya que estaba hablando con Mary en ese momento.
Y ahí estaba el hombre. Quien lideró a un grupo como Ultravox y que en el periodo 2002-2004 estuvo tan presente en mi vida acompañándome en tantos momentos importantes (descubrí su carrera en solitario y su trayectoria con Ultravox en esos días, a raíz de comprarme sendos recopilatorios de Ultravox y suyo en solitario en la primavera y otoño de 2002). No tiene ya su peinado con ligero tupé, ni su bigotito a lo Clark Gable (si bien él lo asemejaba más al de Errol Flynn), y parece a día de hoy más el periodista Antonio Lobato o el mítico corredor de los Sanfermines “Boti” de la cuesta de Santo Domingo, con su afeitado de cabeza absoluto; si bien, a ratos, parecía intuir un ligero bigotito canoso, que luego era más bien parte de mi imaginación (saben eso de que la gente que llevó bigote en una época y se lo afeita y parece que lo siguen teniendo, como el expresidente José María Aznar o el periodista Carlos Herrera, ¿no?); en este sentido de look, yo si fuera Midge, me volvería a dejar el bigotito para sus giras y llevaría un sombrero, lo cual nos acercaría más a su look neorromántico que tanto nos ha encantado años y años viendo los videoclips del periodo 1980-1986.
La entrada del concierto en su día me descuadró al ver que ponía “Playing Ultravox and Visage”. Imaginaba que a lo mejor Midge dejaría de lado su repertorio en solitario, el cual me encanta igualmente, y se centraría en las 2 bandas principales de las que fue componente (sin olvidar a los Thin Lizzy). Sin embargo, el arranque con 3 de sus temas en solitario, me hicieron retrotraerme a la idea inicial que tuve cuando me enteré del concierto, que era un show algo parecido a lo que tengo de él en mi discografía personal. Es decir, temas de Ultravox, algo de Visage, pero con un peso importante de su historia en solitario.
Empezó el show muy emotivo con 2 canciones de ese perfil sentido como son “I see hope (in the morning light)” de su notable “Pure” de 1991 y la profunda “Dear God” del disco predecesor “Answers To Nothing” de 1988. Sin embargo, el primero de los momentos realmente emocionantes me vino justo después, en el tercer lugar del setlist, cuando identifico a la gloriosa “Call of the wild”. Este single, no perteneciente a ningún disco, de 1986, me despertó sensaciones de infarto parecidas a las que tuve en octubre de 2014 cuando Morrissey incluyó “Speedway” en el 2º lugar del repertorio de aquella inolvidable noche en el Palacio de los Deportes. Quizás “Call of the wild” podría ser el pasaje del concierto de Midge Ure que más me emocionó. O no. Es que la cosa, lógicamente no se quedó ahí. Grabé el vídeo de “Call of the wild” con la cámara del móvil; ni sé cómo habrá quedado, ya que entenderán que no prestara mucha atención a la pantalla.

Luego vendría la versión de “Fade to grey” de Visage, donde no hubo mención al malogrado hace un tiempo Steve Strange. Yo, que visité la puerta de lo que era el Blitz no hace mucho, pude imaginarme aquellos días de comienzos de los 80 en el mundillo londinense en ese momento del concierto. Midge hace el tema más guitarrero, como casi todo lo que escoge en sus giras en solitario. Este aspecto yo ya lo sabía y no me disgusta; sin embargo, eso descuadró a Mariano González y a Carlos Caballero, más fans de Ultravox y no tan conocedores del devenir en solitario de Midge como sí lo soy yo. También capté el vídeo de “Fade to grey” y ahí se lo dejo a continuación.

De los discos de Ultravox, “Vienna” fue el más representado. Aparecieron las aceleradas “All stood still” o “Passing strangers”, la sorpresa de “New europeans” y la imposible de quedarse fuera “Vienna”. “Passing strangers” estuvo en la parte inicial del concierto y fue acogida con mucho júbilo. “Vienna” ni que digamos en ese sentido. Vi a Midge bastante bien en el apartado vocal en todo el concierto y “Vienna” era la prueba de fuego con esos sostenidos del título; si bien el último lo dejó al karaoke de la emocionadísima sala Arena, en el resto estuvo muy solvente y mucho mejor que lo estaba hace unos años, lo cual me agradó mucho. Recuerdo que cuando arrancaban los sintetizadores iniciales de “Vienna”, estábamos Javi y yo debatiendo si era “Visions in blue” o “Vienna” la que iba a sonar. Los vídeos de mi cámara del móvil están muy saturados en sonido, pero con todo, les dejo aquí el que tomé de “Vienna”.

Hablemos de más canciones de la trayectoria independiente de Midge Ure que sonaron. No faltó “Breathe” (de la que grabé solamente un fragmento que les dejo debajo de este párrafo), que tuvo mucho éxito en su día en nuestro país con aquel anuncio de relojes, y que a día de hoy sigue siendo carne de radiofórmula. Antes del momentazo que fue “Vienna” Midge nos regaló la sentida interpretación de su nº 1 “If I was”. La versión de “No regrets” tampoco tardó mucho rato en aparecer. De las de Midge en solitario eché mucho de menos “Answers to nothing” o “Cold cold heart”. Se ve que en otros momentos del presente tour incluía “The gift”, que hubiera sido un puntazo solemne de vivir.

El disco peor parado de Ultravox fue “Rage In Eden”. Curiosamente fue el único que escuché durante el día al completo en mi casa a modo de preparación. Y parece que fue suficiente, ya que no apareció ni un solo tema del mismo (bueno, de “U-Vox” tampoco, y era posible un “All fall down” y nos hubiera supuesto un vuelco escuchar “All in one day”). Esperaba por lógica “The voice” y con menores esperanzas, pero no con menos ganas “The thin wall”. Pero nada de nada. Se ve que en otros sectores del tour seleccionó además de “The voice” la fantasmagórica canción título o “I remember (death in the afternoon)”, que no hubieran estado nada nada mal de escuchar. De la siempre emocionante “If I was” grabé también un cachito.

“Quartet” tampoco salió muy bien parado. La gran ausente para mí fue “Reap the wild wind”; y es que curiosamente, en las redes sociales mencionamos nuestra asistencia al evento colgando un video en directo de este tema y el propio Midge nos retwitteó. La única que apareció, fija en las quinielas, fue “Hymn” en los bises. Muchos echamos en falta la fabulosa “We came to dance” (o métanle el “only” como jocosamente consta en el dvd “The Collection” de Ultravox), pero si ni Ultravox en sus giras de 2010 a 2013 la recuperaron, ¿qué íbamos a esperar en ese particular?
Bueno, no más reproches; la hora y media de concierto fue fenomenal y no hay que sacarle más pegas. Si hablamos de sorpresas gordas, para mí (que ya saben que voy a los conciertos sin mirar lo que vienen tocando los artistas) lo fue suprema “Love’s a great adventure”, la cual además se situó antes de los bises para acabar el sector troncal del concierto; si bien tampoco es uno de mis temas favoritos de Ultravox y hubiera preferido cualquier otra. “Flow” de “Brilliant”, último lp de Ultravox tras su reunión después de muchos años, también no era esperada por mi parte y cumplió con solvencia reivindicando la última obra del cuarteto clásico.

Lo que sí me esperaba eran 2 de los trallazos de “Lament” de 1984. Primero llegaría “One small day” (cuyo vídeo está situado aquí arriba y del que se quedó a medias no porque quisiera grabar un fragmento -ya que es de mis favoritas de Ultravox de siempre-, sino porque la batería no quiso dar para más) para abrir el tramo final del show. Y vino cargada de energía. Midge le dio fuerte a la guitarra, como merece el tema, y supuso quizás mí otro gran momento de la actuación. Siempre me obsesionó este tema, con ese gélido videoclip en una especie de crómlech en las altas tierras de Escocia. Una pista épica, gloriosa y que Midge y su banda ejecutaron a la perfección. Y el otro capítulo de “Lament” vino de la mano de la acongojante “Dancing with tears in my eyes”, la cual puso el broche de oro final al concierto, dejando al público con ganas de mucho más; de hecho, cuando vemos que se encienden las luces mientras que Midge y sus 3 músicos suben las escaleras hacia los camerinos, me quedé algo sorprendido. Se había cumplido hora y media de actuación que de tan buena que fue, nos dio la sensación de que había pasado mucho menos tiempo. De “Dancing with tears in my eyes” nada más consideré captar un fragmento del tramo final.

El juego de luces de la sala no es que sea muy para alardes, pero recreó bien los tonos y las atmósferas justas para cada tema. Del telón-pantalla de fondo Midge no hizo más uso del mismo que para poner su nombre impreso en grande. Aquí debajo una fabulosa instantánea de Midge que consiguió sacar Mariano González desde su posición.
Óscar, Mariano y sobre todo Carlos, echaron de menos más atmósferas a base de teclados; a título de curiosidad, destacar al teclista de Midge, que funcionó bien y actuó descalzo desde su posición. Yo les aclaré que Midge Ure en solitario funciona en directo así: mucho más guitarrero y rockero. Yo terminé encantando y más aún cuando conseguí uno de los setlist del escenario que amablemente me entregó uno de los roaddies. Como yo hago otras veces, varias personas me pidieron una foto del mismo y en esos compases, antes de salir de la sala, seguimos compartiendo impresiones y también pude saludar a José Ícaro de After The Rain, el cual me confirmó la pista que tenía de cara a intentar conocer personalmente a Midge.
Y esa pista no era otra que ir a la puerta trasera de la sala, cosa que ya hicimos en 2011 cuando vimos a OMD. Llegamos allí los que quedábamos (Carlos y Laura de La Broma Negra y Javi de The Crow Project se marcharon) y Midge no tardó más de 4 minutos en salir por la puerta trasera de la Arena desde que nos situamos por allí. Estaríamos unas 20 personas y en 5 minutos Midge nos atendió a todos, firmando discos, haciéndose fotos, con amabilidad y paciencia. Me llegó el turno, me firmó el setlist y accedió a hacerse una foto conmigo. Le di las gracias por venir a Madrid y le dije que esperaba verle pronto por Madrid; Midge me bromeó al respecto diciendo que con mi altura le vería desde cualquier sitio. Y es que la diferencia de estatura entre servidor de ustedes y Midge es notable. Ya sabía que Midge es grande en lo musical, pero más bien retaco en lo físico; Midge es bromista en general, lo vimos de primera mano cuando afirmó que si tardaba en volver por Madrid lo mismo que en esta vez ya estaría muerto, y recuerdo cuando antes de interpretar “Breathe” en el concierto recogido en el dvd “Re-wind” decía que había sido un éxito mundial, menos en su país. La foto me la sacó Óscar Cañas y yo le saqué a él la suya, mientras que obtenía su entrada “print at home” firmada.
Emocionados nos marchamos a cenar a un sitio de comida mexicana cercano a la sala, donde más bien hicimos uso del refill de refresco (había sed, que el día fue caluroso de aúpa a pesar del viento huracanado que se levantó tras conocer en persona a Midge en los alrededores de la plaza de España). Hubo larga tertulia en persona y con el resto de colaboradores de “DMR” vía Whatsapp, y tras un generoso rato nos marchamos a casa.
Grandísima experiencia. Muy parecida en todo a la que vivimos en 2011 en la misma sala con Orchestral Manoeuvres In The Dark. La sala Arena nos trae suerte en este sentido como apuntó Óscar al final de la noche. Midge Ure ofreció un gran concierto del que salí encantadísimo y que a buen seguro quedará como uno de los más destacados en mi vida por todo lo que Ultravox y Midge Ure me han supuesto como aficionado musical; creo que es el concierto en el que más veces en mi vida me vi con la boca abierta embobado viendo lo que tenía enfrente.
Solamente me queda cruzar dedos y desear que Ultravox hagan alguna gira más a nivel europeo y que esta vez no se olviden de Madrid. Si bien, la cosa está difícil. Supongo que si Midge da con esta crónica, le da al traductor para entender lo que está escrito, y sumado a lo contento que se fue de la respuesta del público en este show, se anote en la agenda la petición por si vuelve a salir a la carretera con Billy Currie, Chris Cross y Warren Cann. Igualmente si lee estas líneas, agradecerle nuevamente (que ya lo hice en persona) que me haya dado la ocasión de poder verle en directo sin necesidad de tener que planear un viaje internacional para verle actuar. Ciertamente, ver en una misma semana por primera vez sobre a un escenario a Neil Tennant y Chris Lowe y a los 4 días a Midge Ure, es algo cuanto menos curioso, y una maravillosa casualidad que quedará grabado a fuego en mi retina musical. La semana del 10 al 16 de julio de 2017 fue sin duda una gran semana.
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lunes, 17 de julio de 2017

Concierto Pet Shop Boys. Madrid (10-07-2017)

Otro peso pesado que tacho de mi lista de pendientes. Y no será el primero de la semana, casualidades fabulosas de la vida. Haciendo prevalecer mi condición hasta la presente temporada de abonado en el Teatro Real a la ópera, pude acceder a la preventa del festival que traía entre otros a Pet Shop Boys al recinto en el presente mes de julio. Aunque los precios no eran para nada amistosos, Mariano González y servidor nos aventuramos en pillar unas entradas bastante decentes en palco. Por desgracia Luis Felipe Novalvos y su pareja Nuria no pudieron confirmar que podían ir hasta días después y tuvieron que verlo en otro palco distinto y a un precio bastante superior por una visibilidad más o menos parecida.
Acudimos con tiempo para evitar las aglomeraciones, las cuales ya me conocía por mi asistencia a las óperas, de los arcos de seguridad de acceso y para que Mariano González pudiera acceder cómodamente. Fue de chiste malo el trato que le/nos dieron por el asunto de sus muletas: primero preguntamos de acceder por la puerta lateral que no tiene escaleras para coger el ascensor. Nos dicen que no había problema.
En mitad de este calvario que les estoy narrando y que le supuso a Mariano, les inserto aquí arriba una fotografía del paraíso del Teatro Real que el propio Mariano tomó justo antes de empezar la actuación PSB. Una vez allí, nos niegan el poder entrar y nos vuelven a dirigir a la puerta principal, pero no nos dejan entrar por la puerta derecha y nos obligan a pasar por la izquierda, dando todo el paseo al frontal del Teatro Real. Todo esto viendo cómo el pobre Mariano se iba moviendo y su dificultad evidente a los ojos de un vendedor de cupones. Todo muy muy humano.
Solventado esto, accedimos y tuvimos que esperar en los pasillos a que nos dejaran entrar en los palcos. Llegamos al nuestro y pudimos hablar con un compañero de habitación llamado Jesús sobre varios asuntos relacionados con conciertos en la capital; no quise abrir el debate sobre lo mal que está Madrid en relación a los artistas mainstream. Nos sentamos en la primera fila que habíamos adquirido del palco y nos hicimos un selfie conmemorativo; parecíamos los 2 viejetes criticones del show de los Muppets. Vean el montaje.
Nosotros fuimos más benévolos que estos carismáticos personajes de los Muppets, que siempre ponían a caldo el show que veían desde su palco. Se hizo llevadero hasta que a las 21:35h se apagan las luces y comienza el show con Tennant y Lowe apareciendo los 2 solos en escena al girarse 2 esferas gigantes tras las que estaban. Neil iba con gafas de sol, traje y corbata, ambos sobrios (Chris también con gafas de sol, que no se quitó -al contrario que Neil- en toda la noche), de no ser por los peculiares cascos metálicos que llevaban.
De “Super”, último disco del dúo, no sé mucho más allá de una única escucha que le he dado cuando Alfredo Morales lo revisó en nuestro blog; lo sé, soy consciente, tengo que entrar en él más a fondo. Identifiqué, ¿cómo no? eso sí, “The pop kids”, efectivo single situado en los comienzos del show. En el segundo lugar del listado que PSB nos tenían reservados para esa noche, surgió una joyita de su debut “Please” “Opportunities (let’s make lots of money)”. Miren la siguiente foto, con uno de los cambios de vestimental de Neil, el cual corresponde a cuando interpretó “The dictator decides” de “Super”.
El inicio del show fue arrollador. Sin fisuras. Con mucha potencia y músculo electrónico. Se bajó la cortina de fondo tras un par de temas y se vieron a los 3 músicos acompañantes de la gira mientras que Tennant y Lowe se quitaban sus cascos electrónicos tan raros de los primeros compases. Neil se quedó con su cabeza al aire afeitada y Chris con su gorra inseparable. En este show ya no hay bailarines que hagan danzas animales, pero tampoco se echan de menos.
El momento que noté como punto de partida, o al menos como un aviso notable, fue cuando apareció “New York City boy”. Es curioso, ya que este tema y el disco al que pertenece, el “Nightlife” de 1999, no me gustan en exceso, pero en directo sí que me convenció y marcó un sector brutal que completaron “Se a vida é”, de “Bilingual”, quizás de mis favoritas del concierto y en general de la banda, y otra sorpresa para el deleite de su “Please” de 1986 en forma de “Love comes quickly”.
Con “West end girls”, que aparecería en el tramo avanzado de la hora y 50 minutos de concierto, se completó el repaso al debut de Pet Shop Boys, dejando como una de las notables ausencias a “Suburbia”. El gran sector que arrancó con “NYC boy” se completó con el acertado single de “Yes” que fue en su día “Love etc.”. Ya saben que no presto mucha atención al encuadre de los vídeos que hago, ya que estimo que el concierto hay que verlo en directo y no a través de la pantallita, con lo que no me lo tengan muy en cuenta en el vídeo que a continuación les inserto de “Se a vida é” ni en los demás de este concierto ni otros que les comente en este blog; para mayor calidad, nos compramos el dvd oficial de la gira, ¿no?

Sabrán los seguidores de “DMR” que “Introspective” puede que sea mi disco favorito del grupo; por cierto, una vez más les recomiendo que escuchen el coloquio que hicimos sobre el mismo en nuestro programa de radio, el cual considero uno de los mejores programas que hemos hecho nunca. si bien, también pueden escuchar otros programas dedicados a “Bilingual” e incluso a “Actually” esta última temporada.
Y finalmente “Introspective” completó 3 canciones en el listado de la noche, pero lo cierto es que se hizo de rogar. La primera en desfilar fue “Left to my own devices”, en una versión más electrónica; cierto es que por el lugar donde tocaba el grupo, lo adecuado hubiera sido hacer la versión más clásica y orquestal, pero de todas formas me agradó y estuvo lejos de ser una readaptación o toma irritante al estilo de lo que Depeche Mode hicieron con su “Halo” en la gira anterior de los de Basildon. Grabé la misma y ahí tienen el resultado.

En “West end girls”, recién comentada unas pocas líneas arriba, tampoco estuvieron presentes esos sonidos de viento que le dan un toque tan british y personal, pero por lo demás no hubo más variación en la misma. A continuación el vídeo que grabé de “West end girls”.

También desfiló en la noche del pasado 10 de julio de 2017 en el Teatro Real la efectiva “Domino dancing”, cuando ya casi no me la esperaba, en los bises del concierto. Ahí echo algo en cara a Neil que su parte del estribillo solamente la cantó en una ocasión. No obstante, fue uno de los capítulos que más disfruté y en el que me desmadré como hacía tiempo que no perdía las formas en un concierto. Aquí les inserto un cachito que grabé, que el resto del tema quise vivirlo sin preocuparme de otra cosa que no fuera enloquecer a su ritmo.

El 3er. episodio que sirvieron PSB de “Introspective” de 1988 fue la versión de “Always on my mind”. Fue de hecho el cierre del show, completando un bis muy “introspectivo”, si no contamos con la versión reprise que sonó de “The pop kids”; yo me permití el lujo y frivolidad freak de imitar al viejete loco del videoclip, gritando lo que les decía al bajarse del coche; y es que tenía su lógica, ya que con eso se acababa el concierto, se marchaban los chicos y no sabía cómo iba a continuar sin ellos ofreciéndonos más de su música en el escenario.
Vamos a hablar de lo que eché de menos. Sé que es difícil, al ser un dueto, que “What have I done to deserve this” de “Actually” la escojan; unas giras atrás la recuperaron, con el acertado apaño de poner el playback y la imagen de Dusty Springfield sobre el telón de fondo. En esta cita en el Teatro Real hubiera quedado muy bien ese montaje, primero para encumbrar a Dusty, aunque fuera en imagen, en un sitio como ése, y segundo por lo parecido que es el escenario del Teatro Real al que aparece en el final del videoclip oficial de la canción. Una pena, aunque ciertamente no esperara que cayera, con lo que la decepción en este particular no fue muy alta; otra cosa es que la hubieran venido tocando y esa noche no cayera… Vean arriba de este párrafo a Neil con el estrafalario casco del inicio del show y abajo sin él en postura elegante.
La gran ausente del repertorio, como ya hemos referido antes, fue “Suburbia”. Así lo percibo desde mi punto de vista. Uno de los primeros hits del grupo que se dejaron sin representar en esta ocasión. Otros temas posibles de caer que me hubieran agradado hubieran sido “Can you forgive her?” o “Rent”, y luego en el sector de rarezas “King’s Cross”, “I want to wake up”, “It’s alright” o “Single”.
Antes de continuar, vean aquí arriba a Neil en otro de sus cambios de vestuario-parte superior. No obstante, no voy a ser muy duro con el grupo en el capítulo del repertorio escogido, que a mí me gustó mucho; todo lo contrario que a Carlos Caballero de La Broma Negra, que, aunque no acudió al show, sí que me dio sus impresiones tras ver lo ofrecido en días posteriores.
Neil estuvo elegante durante todo el concierto. Cumplía 63 años ese día y el concierto lo declaró oficialmente su fiesta de cumpleaños. Desfilando con distinción británica y cambiando de vestimenta (parte superior sobre todo) en 4 ocasiones, para terminar con 2 cazadoras tipo bomber, primero plateada y luego dorada. Chris permaneció impertérrito desde sus teclados, con su gorra (vean aquí arriba). Como ya hemos dicho, muy deudor de la actitud Kraftwerk.
Las proyecciones de fondo no las vimos muy bien desde nuestra situación, pero lo que sí llamó la atención fue el juego de luces de láser que dispuso el grupo en unas cuantas ocasiones. La cortina de humo a ratos no dejaba ver bien a los músicos y en algunos sectores el juego de luces tiraba a lo tenue, por eso los láser cuando aparecían llamaban tanto la atención. Arriba y debajo de este párrafo, 2 de los músicos acompañantes de PSB en la presente gira.
Acabó el concierto, nos despedimos de Jesús, emplazándonos quizás para un concierto mítico a celebrarse el sábado y nos reunimos con Luis Felipe Novalvos y su chica Nuria para poder debatir algo del concierto, lo cual hicimos en efecto mientras degustábamos algo de comida turca en un local muy habitual para nosotros tras las representaciones operísticas y que se encuentra al ladito del Teatro Real.
He cumplido una cuenta pendiente gorda. Pet Shop Boys, si bien no es una banda que me haya tenido obsesionado nunca, sí que es un grupo que sigo y valoro desde hace lo menos casi 25 años. Y me gusta mucho su obra. Siempre han estado ahí. No llegan al pódium de mis deidades musicales (The Cure, Depeche Mode, The Smiths/Morrissey), ni quizás al 2º escalón de preferencias (Spandau Ballet, Ultravox/Midge Ure, Genesis/Phil Collins/Peter Gabriel, Talking Heads/David Byrne, Talk Talk, The Killers), pero sí que estaría en el siguiente escalafón junto a otras bandas como Orchestral Manoeuvres In The Dark, Interpol, Editors o U2 por citar algunos ejemplos.
Un gran concierto y si a PSB les queda alguna que otra visita por la capital en el futuro, tengan seguro que haré por estar. A día de hoy ya le hemos metido el gol del honor a Alfredo Morales, y en nuestro “partido PSB” vamos con él Mariano y yo como el España-Malta contra él. Espero poderle meter algún gol más para dignificar el resultado y maquillar el balance. Mereció mucho la pena, a pesar de los precios elitistas del concierto.
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