domingo, 22 de abril de 2018

Concierto VAM + Rockin’ Robin. Madrid (20-04-2018)

SINOPSIS (Por Víctor Prats)
Variada y amena velada musical la que vivimos este pasado viernes en La Cocina Rock Bar, un local muy apañado para la música en directo (salvo por una columna que fastidia un buen ángulo de visión y que reduce su aforo útil de cara a ver el escenario). Variado porque la propuesta que ponían sobre las tablas VAM y Rockin’ Robin, distaba bastante en género entre una y otra, y también tanto a la puesta en escena. No obstante, esto no supuso que nos chirriase el programa, ya que en como bien dijo Un Pingüino En Mi Ascensor, “en la variedad está la diversión”.
Llegamos cuando todavía estaban en plena actuación el programa previo al nuestro, con los últimos acordes de Trapos Sucios, con un rock nacional de base, muy nuestro. Unos minutos después, y tras varios ajustes sonoros, tomaron el control de la sala Rockin’ Robin, ofreciendo un set list lleno de versiones de hits sobre todo internacionales, con algún guiño al repertorio patrio (“Estrella polar” de Pereza por ejemplo). Liderados por su solvente vocalista Lorena, estrenaban bajista para la ocasión (Sandra), y dispusieron un sonido muy bien conjuntado, sin fallos técnicos que dio lustre a su actuación. Lorena sobre todo, a mis oídos, brilló en “One way or another” de Blondie y en “Toda la noche en la calle” de Amaral, si bien no se amilanó y se atrevió incluso con “Should I stay or should I go?” de mis queridos The Clash.
Tras algo menos de una hora, llegaba el turno del cambio de set a favor de VAM, por quienes principalmente asistíamos al evento, sobre todo en pro de chequear el nuevo proyecto musical de un buen amigo después de un largo tiempo implicado en The Crow Project. Liderados por Javier “Crow” Arribas, se presentaron con un repertorio a partes iguales de covers y composiciones propias. Haciendo uso del humo como elemento misterioso de su presentación, dejaron en la noche una actuación realmente intensa, con un Javi en el micrófono, que solamente sufrió un fallo técnico en la 2ª canción, una cover del “Dani California” de Red Hot Chili Peppers. También cayó “Wicked game”, de Isaak, que me recordó más a la cover de HIM, y es que Javi me evocó en ciertos momentos al bueno de Ville Valo.
VAM tiene un sonido a prueba de bombas. Contundente en las cuerdas y percusión. Javi se mostró con una actitud que combinaba rabia, divismo y toque bohemio. Se bajó de las tablas para mezclarse con el público en alguna pista; público, por cierto, muy animoso y un poco pasados de frenada, pero sin causar ningún daño colateral, lo cual también sumó a una noche muy entretenida. Al final del show pudimos intercambiar impresiones con Javi al respecto. El evento fue un éxito. La sala tuvo un aforo que a ratos parecía que no admitía a nadie más, y un público que se dejó seducir por la intensidad y potencia de VAM y por el sonido más amable y amistoso de las versiones a cargo de Rockin’ Robin. Ahora Mariano González se extenderá un poco más. En lo personal, lo pasé muy bien. Mereció mucho la pena.

CRÓNICA (Por Mariano González).
A veces ocurre que los planes inesperados, aquellos que surgen de la aleatoriedad y no de la planificación, acaban siendo los mejores. Algo así pasó con este concierto cuando a unas tres horas de su inicio, Víctor Prats me invitó a asistir a la Cocina Rock Bar, merced a la acreditación que recibió DMR. Pero por muy repentino que fuese, me apetecía ir. Una de las bandas invitadas a tocar era VAM, el nuevo proyecto donde está embarcado Javi “Crow” Arribas. Javi es un viejo amigo de DMR y como suele pasar con los viejos amigos, aunque a veces tarden mucho en verse, de repente aparecen en cualquier lado, en cualquier esquina, para alegrarte el día.
Si son seguidores de largo recorrido de esta bitácora, recordarán que el anterior proyecto de Javier Arribas fue The Crow Project y que al respecto del mismo hay en DMR un análisis de un disco, una entrevista y varias crónicas de conciertos. Incluso Javi Crow fue contertulio en un par de programas. Debe ser, eso sí, de las pocas veces que asisto a un concierto a ciegas (sin haber escuchado previamente ninguna canción de los grupos), detalle éste que por sí mismo no tiene por qué ser malo. Uno de los síntomas de la melomanía es el interés en adquirir cada vez un bagaje más amplio de escuchas mediante el descubrimiento de nuevos grupos o proyectos. Lo único que sabía, por referencia de Víctor Prats, es que el sonido de la nueva aventura de Javi Crow era netamente distinto a The Crow Project. En concreto supone el abandono del techno pop oscuro, en la onda de Depeche Mode, para abrazar un sonido mucho más hard rockero, teniendo a The Cult como una de la referencias. En cuanto a Rockin Robin’ mi conocimiento sobre sus líneas maestras era absolutamente nulo. Y es en estas ocasiones, si la noche sale bien, cuando te llevas una gratificante sorpresa. Vayamos, entonces, por partes.
No es mala cosa ir cenado ya a los conciertos, de modo que quedamos una hora antes del momento previsto para el comienzo del evento para poder llenar el buche. Y así, los contendientes de DMR, (Víctor Prats, Susana Hernanz, y servidor) nos personamos en La Cocina con ese ánimo. Sin embargo nos indicaron que, paradójicamente, la cocina estaba de reformas y no había posibilidad de cenar allí. No pasa nada, allí cerquita cenamos los tres tranquilamente a base de raciones y tostas. Tan tranquilamente que al final acabamos volviendo a La Cocina unos minutos después de las 23:00, hora prevista para el comienzo del show. Al bajar al lugar de la sala de conciertos, estaban tocando una banda que en principio no nos constaba en el planing. Se llaman Trapos Sucios y aún tuvimos oportunidad de escucharles un par de canciones. Lo suficiente como para reconocerles un sonido de divertido, bailable y voluntarioso rock clásico. Sin duda un preludio vigorizante.
Como sigo acarreando problemas físicos me es imprescindible buscar acomodo en un asiento, de modo que nos colocamos en unas sillas que estaban colocadas en el margen derecho de la sala según se mira al escenario. Aunque la situación fue cercana a las tablas, estuvimos un poco escorados, con la consiguiente merma de visión. Ya siento privar a mis amigos de situaciones mejores y agradezco profundamente que estuvieran conmigo. Y llegamos, con un considerable retraso, a la actuación de Rockin’ Robin. Nada sabía de este grupo y las sensaciones fueron, la verdad, buenas. Se trata de un grupo de versiones de estilos variopintos, pero con especial querencia por el pop rock clásico. Son un quinteto formado por dos chicas (a la guitarra rítmica y a las voces una, al bajo la otra) y tres chicos (guitarra solista, teclados y batería) que trajeron consigo un repertorio, por cierto, muy de mi agrado. Ahora lo iremos detallando, pero fue una agradable sorpresa que las versiones anduvieran a caballo entre la reinvención y el estricto respeto.
Como ya verán, la mayoría de las canciones son cantadas en su versión original por voces masculinas, con lo que su reconversión a voz femenina inevitablemente cambia bastantes matices. En general con éxito, por cierto. Más allá de eso, la ejecución fue melódica, agradable y con un saludable toque de clasicismo. También, de vez en cuando, Rockin’ Robin pisaron el acelerador hasta el rock, cambiando cuando convenía el guante de seda por el colmillo.
Tal como decía antes, no podría poner prácticamente ninguna tacha a lo que tocaron. La cosa quedó como sigue: buena representación del rock clásico con “Have you ever seen the rain” de la Creedence, “A hard day’s night” de los Beatles, o “Don’t stop me now” de Queen. La música en español tuvo su aparición con “Estrella polar” de Pereza (para mí dieron en la diana, no soy muy fan de Pereza pero esa canción en concreto sí me gusta) y “Toda la noche en la calle” de Amaral; canción, creo, muy adecuada para el grupo. Una pequeña sorpresa fue la inclusión de la divertida “Accidentally in love” de Counting Crows, siempre simpática aunque sea por sus reminiscencia a “Shrek 2”.
¿Clásicos poperos? Claro que los hubo: la infalible “Black or White” de Michael Jackson, la magnífica y rasposa “One way or another” de Blondie, la ultrapegadiza “Waterloo” de Abba, “Video killed the radio star” de The Buggles y su ensoñación ochentera o The Clash y su celebérrimo “Should stay or should I go”; esa maravilla renacida para la generación millenial gracias a “Stranger things”.
¿Más cosas buenas? Una excelente: “Don’t look back in anger” de Oasis. A aquellos cuya educación sentimental musical parte de los noventa, esta canción casi consigue que afloren lágrimas a nuestros ojos. Y el remate del concierto tampoco estuvo mal: “Summer of 69” del primigenio y emotivo Bryan Adams. Lo que saqué en limpio de Rockin’ Robin es que tienen un magnífico potencial para el pop rock melódico, buenas maneras tocando y el entusiasmo de los proyectos jóvenes. Sus versiones tienen encanto y sería interesante verles cuando decidan escribir temas propios. De momento nos anunciaron que el próximo 12 de Mayo estarán tocando en la Sala Thundercat de Madrid.
Tiempo después para el clásico interludio dedicado al traspaso de trastos entre los grupos, amenizado por no pocas canciones de Elvis, y finalmente la esperada actuación de VAM. Lo notamos en cuanto empezó a sonar la magnífica banda sonora del “Drácula” de Coppola, a cargo de Wojciech Kilar. Este detalle es muy Javi Crow, recuerdo que una canción de The Crow Project se llamaba “Oceans of time”, en mención a la línea de diálogo de Gary Oldman (o sea, Drácula) que dice “he cruzado océanos de tiempo para estar contigo”. En fin, detalles.
Algunas consideraciones sobre VAM. Ya decíamos que hay que olvidar el pasado techno de Javi Crow, ahora está inmerso en una banda cuya enseña es el rock contundente, afilado como una cuchilla. La referencia a The Cult no es mala, es la resultante de mezclar hard rock con alguna reminiscencia gótica de los 80. Quizá tampoco anden lejos, por ejemplo, de The Mission. La voz de Javi, tan parecido a Dave Gahan de Depeche Mode, sonó grave y cavernosa, pero también gamberra, inquieta, expresiva; no dudó en recurrir a gritos, interjecciones y extrañas inflexiones vocales. Es muy fan de Peter Murphy y esa teatralidad quién sabe si es tributaria del líder de los extintos Bauhaus. El combo lo completan dos guitarras, bajo y batería. La banda sonó potente, eléctrica, dotada para el gancho a la mandíbula que saben propinar los buenos grupos de rock. El concierto de VAM fue el momento más visceral y poderoso de la noche. Y el ambiente estuvo a tono, mucha gente a nuestro alrededor se mostró entusiasta hasta la extenuación; muy dentro del concierto. La puesta en escena fue más oscura que la Rockin’ Robin y estuvo secunda por una abundante presencia de efectos de niebla. Le dio un halo misterioso a la actuación, pero nuestras fotos (ya lo sentimos) perdieron nitidez.
A la hora de ir desgranando el set list nos encontramos con una dificultad. Parte de él se compone de canciones propias que no hemos escuchado nunca y la otra parte de versiones de conocidos grupos de rock. De las canciones nuevas solamente podemos darles cuenta de la impresión que nos causaron, que por cierto fue buena. El registro de rock duro, desafiante y electrificado lo dominan al dedillo, lo que no les excluye de acercarse a los medios tiempos emotivos o a las baladas. Según vayan aumentando, estas composiciones se defenderán por sí mismas como un sólido bloque. La parte de las versiones fue interesante. Una lástima que en la de “Dani California”, de los Red Hot Chili Peppers, las mezclas y la técnica de sonido no estuvieran a la altura y la voz de Javi se viera, literalmente, sepultada por el sonido de sus compañeros de banda. Aun así nos dio para comprobar que fue una versión llevada a su terreno, con un sonido menos “californiano”, si entienden lo que les quiero decir.

“It´s so easy” sonó a lo que tenía que sonar, a rock sucio y duro. Me gustó mucho que versionaran “In Bloom” de Nirvana, gran canción siempre a la sombra de “Smells like teen spirit” y “Como as you are”. La expresividad de Javi Crow en esta canción fue inquietísima y los riffs de guitarra sonaron, como mandan los cánones, muy afilados. Como bien me comentó Victor, VAM también sonaban un poco a los finlandeses HIM. Ambas bandas suenan eléctricas y sofisticadas al mismo tiempo; aunque sobre todo, el parecido se sustenta en el estilo similar de Javi Crow y Ville Valo. Todo esto se confirmó con la cover de “Wicked game” de Chris Isaak que hicieron VAM, pero que suena mucho más cercana a la que precisamente grabaron HIM en su primer disco. Sin duda uno de los momentos más destacados del concierto.

Otro regalito en forma de clásico fue la versión de “Louie, Louie”, todo un símbolo del desbarre y del desfase total en las jaraneras hermandades universitarias estadounidenses y el momento más extravertido, quizá, de la noche. Pura fiesta rock. Y aún quedaba otra más. “Seven nation army” de The White Stripes. Todo un temazo de rock clásico actualizado al siglo XXI, que ha sido reconvertido en el himno oficial de los fans de fútbol borrachuzos de todo el orbe, y que además ha sufrido toda suerte de pachanguiles remezclas. Afortunadamente con VAM primó un rock incontestable, con la banda enchufadísima y Javi Crow desaforado en las voces. Y con esto acabaron.
Fueron dos actuaciones de contrastes; gustoso clasicismo pop rock por parte de Rockin’ Robin y furia roquera por parte de VAM. No hay conflicto entre ambas nociones, sencillamente ambos mostraron solventemente sus mejores bazas. No podíamos irnos sin saludar y hablar un poco con Javi Crow, aunque solo fuera para felicitarle y agradecerle la acreditación. Conseguimos charlar un rato con él muy amigablemente, sobre el devenir del proyecto de VAM, el desarrollo del concierto y algunas batallitas de DMR. También fuimos presentados a otros componentes de la banda. Como colofón, una ronda de última hora en la barra de la sala de conciertos, mientras sonaban a toda piña varios himnos noventeros, y la sensación de haberlo pasado muy bien. Aunque ya lo hicimos en persona, es inevitable que también mencionemos en nuestra crónica el agradecimiento a VAM por la acreditación que nos permitió disfrutar de todo lo que han leído. No solo fue la música, sino el reencuentro de DMR con un compadre.

Fotografías y vídeos: Mariano González.
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viernes, 20 de abril de 2018

Mike Oldfield - Tubular Bells II (1992)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
“Tubular Bells II” es como los primeros amores; mirados con perspectiva quizá no eran tan perfectos y, ahora, con el paso de los años, posiblemente veamos alguna costura. Pero sin embargo marcan y troquelan todos los amores que vienen después y nuestra simpatía hacia ellos es inevitablemente fuerte. Algo así me pasa con “Tubular Bells II” y Mike Oldfield. No nos llevemos a errores, “Tubular Bells II” me sigue pareciendo un buen disco. Incluso muy bueno. Pero en su momento, en la adolescencia, lo que sentía por este lp era auténtica veneración. Algo extraño teniendo en cuenta que Mike Oldfield no era un artista que podía estar en las preferencias de los adolescentes de entonces, más bien imbuidos de britpop, grunge (yo también) o grupos de fans del tipo Spice Girls (eso no).

¿Cómo pudo entonces llegar a gustarme tanto? Una clase de informática tuvo la culpa. Me explico. En segundo de B.U.P tuve que enfrentarme a la encrucijada de elegir, como asignatura optativa, entre dibujo e informática. Como la torpeza manual de servidor de ustedes es ancestral y unánimemente conocida, opté por elegir la asignatura de informática. Lo cual me aprovechó bastante para saber… Que con la informática soy igual de torpe (soy de los que hoy día cuando oyen la palabra “nube” piensa en estratos y cumulonimbos y no en subir cosas a no sé dónde). El asunto está en que la parte sustancial de la asignatura consistía en aprender a programar en QBasic. Cuando el profesor nos ponía un problema y nos daba tiempo para resolverlo (a base de sentencias informáticas) solía poner de música de fondo un disco que poco a poco iba introduciéndoseme más y mejor que el dichoso lenguaje de programación. El profesor era un tipo iracundo y mal encarado, así que tuve que indagar solapadamente qué era aquello que estaba sonando. Respuesta: “Tubular Bells II” de Mike Oldfield. Era el curso 96-97 y de este modo fue cómo Mike Oldfield se convirtió en todo un artista de cabecera para mí.

Y no fue baladí; la obra de Mike Oldfield me ayudó a abrirme a otros tipos de música, como el rock progresivo y sus amplios desarrollos instrumentales. No puede jurarlo, ni conjeturar, pero si después grupos como Pink Floyd o Genesis me han gustado, quizá tenga que reservar un pedazo de agradecimiento a Mike Oldfield. También le debo el primer concierto de pago al que acudí. Fue el 8 de Julio de 1999 en La Plaza de Toros “La Cubierta” de Leganés, en un momento particularmente disfrutable. Acababa de solventar el engorro de la selectividad y ante mí tenía un largo y plácido verano inaugurado por el recital de uno de mis ídolos. Como es de esperar, guardo muy buenos recuerdos.

Centrando el tiro. ¿Qué es esto de “Tubular Bells II”? ¿Un disco que es una secuela? No es frecuente que un disco tenga “segunda parte”. En realidad es una variación del Tubular Bells original de 1973. Mike Oldfield coge las melodías del disco originario y las retoca, variando ligeramente la melodía y añadiendo arreglos más ampulosos. Esto no suena particularmente creativo, pero ya les hablé de la indulgencia de los primeros amores. Además, algunas variaciones son para bien y hacen que se sustente el nivel de interés durante la escucha del disco. Una escucha que, a mí por lo menos, me sigue resultando interesantísima.

Por otro lado, este fue el primer disco de Mike Oldfield fuera de la discográfica Virgin, debido sobre todo al enrarecimiento de sus relaciones entre con el gerifalte Richard Branson. Ya en los trabajos anteriores había muestra del resquemor entre ambos; sirva como muestra que en el disco Amarok (1990) Mike Oldfield dejó escondido un mensaje en morse que decía “Fuck Off RB” (Richard Branson). Es de señalar que ambos se deben bastante mutuamente; Mike Oldfield consiguió en 1973 editar su “Tubular Bells” gracias a Richard Branson (después de que numerosas puertas le fueran cerradas a su proyecto) y Richard Branson acabó montando en el dólar y fundado el emporio de Virgin gracias al inesperado éxito de las campanas tubulares.

“Tubullar Bells” en su momento fue un disco audaz, peculiar, extraño. Ya el rock progresivo había dado canciones de longitud kilométrica, pero lo que Mike Oldfield ofrecía era un disco enteramente instrumental. El concepto era desafiante, dos largas canciones (Part 1, Part 2) a modo de suites, desarrollando un ingente número de ideas musicales y utilizando una gran variedad instrumental. Contra todo pronóstico “Tubular Bells” fue un éxito rotundo y Mike Oldfield desarrolló cierta reputación de chico prodigio; no en vano tenía veinte años y en su debut llegó a tocar en torno a una veintena de instrumentos (órganos, mandolinas, guitarras, timbales…y también campanas tubulares, claro).

Es innegable que parte del éxito de “Tubular Bells” viene de la utilización del inicio del disco como parte de la banda sonora de la aterradora “El Exorcista”. Fíjense si tendrá poderío este fragmento que solo aparece en un par de momentos en toda la película, que juntos no llegarán ni a cuarenta segundos, y aun así los acordes iniciales de piano siguen poniendo (a mí por lo menos) los pelos como escarpias.

He querido dedicar este segmento de antecedentes a explicar el devenir del primer “Tubular Bells”, porque es fundamental para entender el segundo. Durante el análisis del disco, al ser una variación, iré estableciendo comparaciones entre ambos. Por cierto, las partes 1 y 2 del disco original, se subdividen ahora en pistas más pequeñas. Y allá vamos.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Sentinel”: Lo primero que oímos es una bonita melodía de piano; a los pocos segundos la melodía se transforma en algo mucho más familiar. Se trata de un remedo de los acordes de piano que aún hoy retumban como emisarios del cine terror. La primera vez que escuche este tema en la clase de informática que mencionaba en la introducción, me dije: “Coño, esto del Exorcista”. Mantiene las esencias de la canción de 1973, pero más embellecidas por la añadidura de coros (algunos incluso operísticos) y algunos toques de guitarra acústica. El hipnótico campanilleo sigue presente, pero el tema introductorio en el “Tubular Bells” original, al ser más seco, tenía un aire más misterioso; casi oscuro. No fue elegida para “El Exorcista” por casualidad. A cambio ganamos una producción más lujosa y detallista. De forma inesperada el final suena incongruentemente plácido. Son algo más de ocho minutos de buena música instrumental. Fue el primer single del disco, en una versión corta y más rítmica. El título del tema podría venir del relato corto de Arthur C. Clark “El Centinela”, que ampliado se convirtió en “2001: Odisea en el Espacio”. A Mike le gustaba mucho este escritor, de hecho su siguiente disco “Songs from Distant Earth” (1994) está conceptualmente basado en su novela “Cánticos de la Tierra lejana”.

2. “Dark star”: Y pasamos del relativo quietismo del corte anterior, a unos de los momentos más rítmicos del álbum. Es lo más cercano a la música de baile que se encontrará en todo el disco. Todo ello se consigue mediante unas guitarras ágiles, casi vertiginosas, mientras por debajo se deslizan algunos acordes sintetizados. En el primigenio “Tubular Bells”, todo sonaba más áspero y roquero. Por cierto, el efecto electrónico del final, más que áspero sonaba casi monstruoso (en el sentido de inquietante, conste) Es la canción más corta, con poco más de dos minutos.

3. “Clear light”: Compleja canción en estilo y estructura. Empieza de una forma jovial, en base a coros y una suave guitarra, para luego ir in crescendo hasta recuperar la melodía de “Sentinel, que bien podría ser el leitmotiv del disco. Acto seguido hay un viraje hacia territorios más sobrios y oscuros llegando, finalmente, a un atmosférico clímax de guitarra y sintetizadores. Mike Oldfield consigue que “Clear Light” sea una canción intrincada pero accesible y muestra una producción depuradísima. Pierde algo de acento folk respecto a 1973. Es otra de las largas, con casi seis minutos de duración.

4. “Blue saloon”: Otro giro estilístico. En esta ocasión se trata de un cadencioso y sosegado blues, tocado con precisión y en clave baja. Tiene la baza del encanto misterioso que Mike Oldfield sabe dotar a la música en sus mejores momentos. Y entonces, casi como enlace para la próxima canción, se escucha un pequeño pasaje country. Todo es bastante fiel al espíritu del primer “Tubular Bells”. Se suprime alguna cosa, como una especie de coro masculino formado por ¿vaqueros?, ¿marineros? Nunca lo supe.

5. “Sunjammer”: Ahora toca un poco de rock. Son dos minutos y pico de riffs de guitarra bien coordinados y de un hábil entrelazamiento entre guitarra eléctrica y acústica. “Sunjammer” es sencilla y divertida, sin embargo en los últimos instantes se solemniza para poder engarzarse con la siguiente canción. En el “Tubular Bells” original el tono era más áspero y oscuro.

6. “Red dawn”: Esta canción está diseñada, quizá, para ser un puente con el siguiente y carismático tema, pero también tiene sus encantos a pesar de durar menos de dos minutos. Para empezar la atmósfera crepuscular esta inmaculadamente conseguida a través de armonizar unos coros casi operísticos con una melancólica melodía de guitarra acústica. Uno se queda con ganas de que haya más. Respecto al disco primigenio se añaden los coros para embellecer la base guitarra. En los instantes finales se presiente que va a haber un enlace con la próxima canción; repentinamente un acorde de guitarra nos impulsa a…

7. “The Bell”: Este tema es Mike Oldfield en estado puro. Este segmento ya era uno de los más llamativos en el disco de 1973, e invariablemente vuelve a suceder lo mismo en “Tubular Bells II”. La mecánica es la siguiente: A partir de una melodía de base, que sirve de introducción, se van añadiendo progresivamente instrumentos que previamente van siendo presentados por la voz de un “maestros de ceremonias”. Después de que cada instrumento toque la melodía de base, se pasa al siguiente hasta que todos concurren a la vez y se llega a un “grand finale” con las campanas tubulares. Es una idea original, basada en la armonía y en la concatenación, que además se refrenda con una buena melodía. Tanto la del “Tubular Bells” como la de “Tubular Bells II” son muy similares y ambas son hermosas. Varían los instrumentos que se van añadiendo, eso sí. La voz que introduce los introduce en la versión LP de “Tubular Bells II” es la del actor Alan Rickman, nada menos. Se sacó una versión single, más corta y rítmica, con otra voz introductoria. Aquí acabaría la Parte I del “Tubular Bells” original, lo que a la hora de escuchar su secuela hay que tener en cuenta aunque sea mentalmente.
8. “Weightless”: Original y secuela tienen en común en este segmento a una melodía etérea que se va corporeizando hasta hacerse perfectamente definida. En el original todo tenía un detalle más folk y el disco que nos ocupa tira más hacia una especie de ambient misterioso. Una de las joyas ocultas del disco, aunque solo sea por el magistral control de las atmósferas de Mike Oldfield. La frontera con la siguiente canción se solapa, llegando a diluirse la frontera entre ambas.

9. “The great plain”: Ahora sí que decididamente pasamos al folk puro y duro. Mike Oldfield nos conduce por terrenos bucólicos y ensoñadores mediante una preciosa melodía cuya esencia es el banjo. Buen dominio de la progresión musical, palpable en el emocional subidón en la recta final de la canción. Aún hay tiempo para uno de esos enlaces que estamos escuchando durante todo el disco y que conectan con el siguiente tema. La verdad es que esta canción es una de las que te hace olvidar el presunto carácter de mera variación de un disco grabado casi veinte años atrás.

10. “Sunset door”: Esto está casi clavado en el primer “Tubular Bells”, pero aquí se alarga y se adorna más. Como atmósfera etérea y de ánimo celestial es un éxito, si bien la melodía es bastante sencilla. Posee el encanto del toque de mandolina y un armonioso coro. Tiene el detalle, eso sí, de recuperar el leitmotiv de “Sentinel y aumentar la sensación de unidad de la obra.

11. “Tattoo”: Llega el turno para la música genuinamente celta, mediante una hermosa melodía guiada por toda una banda de gaiteros escoceses. Si bien el inicio es más bien bucólico, la progresiva intensidad hace que acabe sonando apabullante en su tramo final. Los toques de guitarra eléctrica de Mike Oldfiel casan muy bien con la canción. En el primer “Tubular Bells” este tramo era mucho más seco, oscuro e incluso tenso; las gaitas prácticamente se batían en duelo con una potentísima percusión de timbales. Sea como fuere, en “Tubular Bells II” fue segundo single. Decisión coherente al ser uno de los temas más accesibles.

12. “Altered state”: O como realizar un salvaje giro estilístico y dejar asombrado al oyente. De una agradable composición celta pasamos a la nerviosa extravagancia de “Altered state”. Lo que oímos es un hard rock entre lo hilarante y lo grotesco; quizá podría considerarse la única pista vocal del disco pero… la voz es distorsionada y bestial en el sentido más literal de la palabra. Parece que cantase un gran simio, un klingon, un orco, o yo que sé. Imaginen una alternancia casi aleatoria de gritos y guitarras lanzando un mensaje sin sentido. Parecidísimo a lo que ocurría en el primer “Tubular Bells”, salvo que allí daba la impresión de que la “voz” era de un hombre lobo. La primera vez que la escuché hace muchos años me dejó totalmente obnubilado, pero hoy me parece incluso divertida. ¿Una burla al rock comercial de las radiofórmulas? Quizá originariamente, en 1973, Richard Branson presionara a Mike para introducir una pista vocal y hacer el disco más accesible, a lo que Mike pudo responder “te vas a enterar, chaval”. Algo leí sobre eso, pero vaya usted a saber.

13. “Maya gold”: Como Mike ha mostrado afinidad por el folk de todo pelaje y por las músicas del mundo, al ver el título uno podía imaginarse un número de música precolombina o algo así. Nada de eso; se trata más bien de una sugerente muestra de jazz-blues de tempo atmosférico y envolvente. No cometan el error de, porque sea “ambiental”, poner el piloto automático y desconectar. Hay un sentimiento evocador pero muy tangible tras las notas, que puede hacer de este tema todo un placer. Muy similar a su correspondiente segmento de su predecesor de 1973.

14. “Moonshine”: El final de estos dos “Tubular Bells” son de ánimo y corte muy similar. Ambos ponen un punto final ligero y divertido, quizá algo a contracorriente después del número anterior. No obstante, Mike Oldfield parece que disfruta con estos cambios estilísticos; como si dentro de la prodigiosa armonización del conjunto incluyese pequeñas travesuras. “Moonshine” es una canción del Far West; suena a saloon, a cabalgaduras cruzando Dodge City o a arbustos rodantes. Osea, un pequeño divertimento con banjo. En el “Tubular Bells” de 1973, el espíritu era similar, pero adaptando una melodía tradicional llamada “The Sailor’s Hornpipe”, que a su vez había sido referenciada en algunos momentos de la cultura popular: desde los dibujos de Popeye, a la película de los Hermanos Marx “Sopa de Ganso”, p.ej

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Iremos directos a una de las cuestiones que surgen a primera vista (o escucha). ¿Era realmente necesario que “Tubular Bells” tuviera una secuela casi veinte años después? ¿Es suficiente aliciente la variación y actualización de melodías antiguas como para que “Tubular Bells II se justifique por sí mismo? Bien; como escuchar música es un proceso sumamente íntimo, diré que a efectos personales sí que fue necesario. Fue el disco que representó la condición necesaria y suficiente para que decidiera adentrarme en Mike Oldfield; incluyendo el legendario “Tubular Bells” de 1973.

¿Fue trascendente para otros? El caso es que el disco se vendió bien y fue un pequeño acontecimiento, desde el inicio, en su momento. Como botón de muestra vean el concierto de presentación del disco en Edimburgo (está en Youtube). Claro está que el rupturismo del primer “Tubular Bells” perdió su efecto, pero las añadiduras y recomposiciones de “Tubular Bells II” están hechas con tal mimo, con tal esmero, que brillan con una luz que propia por justo derecho. La producción y el sonido además mejoran bastante (coproduce Trevor Horn, por cierto). A este respecto cada cual tendrá sus preferencias: la proeza de grabar una obra de ambiciones instrumentales hercúleas con un chisme de ocho pistas, o el sonido absolutamente pulido y limpio de su “sucesor”. Como la música no es nada plebiscitario, digo yo que se podrá disfrutar de cada cosa a su manera. En fin, aquí tienen mi respuesta: ¿merece la pena escuchar “Tubular Bells II”? Sí; desde luego.

Otra cosa es que Mike Oldfield cogiese demasiadas “bells” y haya estado campana sobre campana durante mucho tiempo: “Tubular Bells III” (1998), “The Millennium Bell” (1999), remasterizaciones y remezclas varias… Cosas que a veces me han gustado (debo ser el único que defiende también el “Tubular Bells III, cuyo toque dance y la inclusión de una especie de “Moonlight Shadow”, como “Man in the Rain”, no gustó mucho) y a veces no (el famélico “The Millennium Bell), pero que suelo mirar con indulgencia.

Aunque ya no tiene la relevancia mediática de antaño, Mike Oldfield aún sigue editando discos y siendo un músico en activo. Lo último es también una secuela, “Return to Ommadawn” (2017), que sigue la línea de su disco “Ommadawn” (1975) y que pone el énfasis de nuevo en las melodías largas e instrumentales. Sirva este artículo para homenajear a los amores musicales primerizos; de esos que están siempre accesibles y se nos representan infalibles como referencia y disfrute.

Texto: Mariano González.
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martes, 17 de abril de 2018

DMR cubrirá el concierto en Madrid de VAM + Rockin’ Robin (20-04-2018)

Este próximo viernes recomendamos asistan a La Cocina Rock Bar, situada en la zona del metro de Colombia de Madrid, para ver la puesta de largo del último proyecto musical de nuestro buen amigo Javier “Crow” Arribas, concretado en el grupo VAM. En el cartel también se incluyen Rockin’ Robin, que actuarán antes de VAM.

Nosotros estaremos allí presentes para luego narrarles la experiencia y comentarles los nuevos caminos rockeros que Javi emprende en esta nueva etapa musical. No obstante, siempre recomendamos que las cosas las vivan de primera mano si les resulta posible y luego contrasten o comparen sus opiniones con las nuestras.

Agradecemos que Javi se haya acordado de nosotros para una ocasión como esta.
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domingo, 15 de abril de 2018

Programa U2 “Achtung Baby” (Temporada 9/ Programa 8)

Debido a las circunstancias meteorológicas adversas del pasado 10 de marzo, el programa que dedicamos a “Achtung Baby” de U2 el sábado 24 de febrero de 2018 fue el último antes del parón que nos tomamos anualmente a raíz de la llegada de la Semana Santa.

En el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) a las 16.00h Mariano González y servidor estuvimos charlando animosamente sobre un disco que nos gusta mucho y de una época que nos ha llamado siempre poderosamente la atención de la historia de Bono, The Edge, Clayton y Mullen Jr..

Si se lo perdieron, ahora tienen la ocasión de escuchar el programa. Aquí queda insertado el reproductor y les dejamos enlace a Ivoox donde se encuentra alojado por si quieren descargarse el archivo: http://www.ivoox.com/dmr-9-8-audios-mp3_rf_25365945_1.html
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viernes, 13 de abril de 2018

2º intento: Temporada 9/ Programa 9: Tears For Fears y “The Seeds Of Love” (1989)

Terminó nuestro parón a raíz de la Semana Santa. Mañana 14 de abril de 2018, intentaremos llevar a cabo el programa que tuvimos que cancelar por el temporal que azotó Madrid el pasado sábado 10 de marzo y que no nos permitía movernos hacia los estudios de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) en demasiadas buenas condiciones.

Tendrían que darse unas circunstancias muy extremas para que mañana a las 16.00h no estemos en el aire para poder hablar sobre “The Seeds Of Love” de Tears For Fears. Además, el retraso obligado (ya saben que no somos muy de cancelar o aplazar nuestros programas en directo), ha jugado en favor de contar con un tertuliano más, con lo que mañana seremos 4 voces en lugar de las 3 previstas en los micrófonos de RUAH.

Les esperamos. No falten a la cita.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/161453834514962
Emisión on-line RUAH: http://www.online.ruah.es/
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viernes, 23 de marzo de 2018

DMR cierra por vacaciones de Semana Santa 2018

Ya saben que seguimos el calendario escolar y nos tomamos descansos de actividad de manera coincidente al respecto (bueno, quizás un poco más largos). Retornaremos a la actividad en la semana del sábado 14 de abril, cuando intentaremos saldar la deuda radiofónica que tenemos con Tears For Fears.

De aquí a entonces sí que comentaremos algo en nuestros perfiles de Twitter o Facebook, y además tengan en cuenta que estamos participando en los Premios 20Blogs de 20Minutos un año más; si consideran votarnos, no tengan en cuenta nuestro descanso de estas semanas en el lado negativo y ponderen el lado positivo con todo nuestro trabajo previo.

Les dejamos con las bonitas vistas de ciertas zonas de Gredos cuya fotografía preside este post para que se relajen. Allá donde vayan de viaje en estos próximos días, que la buena música les acompañe.
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viernes, 16 de marzo de 2018

ABC - How To Be A... Zillionaire! (1985)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Me encuentro ante un artículo de autoencargo en cierta manera. Todo ello dirigido a la confluencia de nuestra actividad radiofónica y la propiamente de este blog. Y es que siendo como soy admirador de ABC y viendo que mi amigo y colaborador Mariano González tenía en sus scrobblings de Lastfm reproducciones del 3er. lp del grupo, con eso de que solamente hacemos debates (de momento) en la radio sobre discos que ya han tenido su artículo en el blog, pues por ello adelanto este post, al que hace muchos años ya tenía previsto que le llegase su turno. No sé si será en esta 9ª temporada o en una hipotética 10ª, cuando le llegue su hora en la radio, pero es la intención.

ABC se iban poco a poco desintegrando desde su “The Lexicon Of Love”, en lo referido a número de miembros. En el correcto “Beauty Stab” solamente quedaban 3 y para el siguiente disco el saxofonista Steve Singleton se marchaba. Parecía que pasaban a cuarteto los Fry y White con la incorporación de un pequeñín y simpático calvito de nombre David Yarritu y una chica llamada Eden, pero no era más que una maniobra visual, ya que musicalmente estos 2 nuevos componentes no aportaban mucho, por no decir nada.

Este atrezzo acompañó durante la promoción del disco a Martin Fry y Mark White, y todo ello, rodeado de la estética demasiado hortera (incluso para los 80 en los que se enmarca el disco), hace que la obra no se tome demasiado en serio si decidimos ir más allá de su escucha aséptica y nos metemos en su promoción audiovisual.

Hay que valorar a este “How To Be A ... Zillionaire!” como se merece. Musicalmente es un disco remarcable, conciso y lleno de piezas destacables. Vamos con él. Por cierto, 4º disco de la trayectoria de Martin Fry y acompañantes que hacemos; de la década de los 80 solamente nos queda uno por diseccionar.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Fear of the world”: Buen arranque con un tema pop de factura sobria en el que Martin Fry se acompaña de coros femeninos acertados, no sé si a cargo de Eden. Si bien, aunque objetivamente es un poco repetitiva en su estribillo, es una canción que resulta y funciona esta “Fear of the world” como arranque del disco.

2. “Be near me”: He aquí uno de los singles de relumbrón. Entramos en una textura más azucarada, sobre todo por los tecladitos tan amables y ligeros de Mark White. Más allá del hortera videoclip, acorde con los tiempos estéticos tan kitsch del grupo, la canción es sumamente elegante y tiene algunos arreglos sintéticos que incluso en un sector le da cierta rotundidad, si bien lo que más se queda en la memoria es el sencillo estribillo variando sobre el título de la pista y la melodía tan marcada de tecladitos. “Be near me” es un clásico sin ninguna duda de la historia de ABC.

3. “Vanity kills”: “Vanity kills” resulta curiosa, sobre todo si escuchas el disco del tirón como desde aquí siempre recomendamos. ¿Por qué digo esto? Pues porque da la sensación de que es lo que saldría si metemos en una batidora “Fear of the world” y “Be near me”. Resulta saltarina, con coros de acusados falsetes. Fue single y realmente funciona. Es juguetona y algo hedonista. Dispuso de 2 videoclips, uno con Yarritu y Eden todavía figurando por las imágenes y otro en el que ya no estaban. Personalmente me gusta mucho el toque de saxo que tiene en un momento la canción.

4. “Ocean blue”: Pasamos a una de las baladas acertadas del disco, y la única en su género que fue single. “Ocean blue” es delicada y preciosista. Tienen un buen desarrollo instrumental en su tramo final que es lo que más me gusta de la misma. En el videoclip ya no estaban David ni Eden, y es que no me los imagino en esta canción que resulta tan seriamente ejecutada.

5. “15 stories halo”: Canción desparramada y anárquica “15 stories halo”. Es curiosa, pero se sale mucho de la norma imperante del disco. Es de alguna forma un experimento funk, que por otro lado está muy alejado de los momentos más excelsos en este género que el grupo nos ofreció en su debut. Se aprecia el riesgo, pero por un lado creo que es las piezas menos destacables por su contenido, si bien tiene un punto a su favor: es de fácil recuerdo. Mejor en su tramo final, es probable que le sobre algo de duración en su primera mitad.
6. “A to z”: La cara “b” arranca con una bizarrada o extravagancia mayor, que es “A to z”, que casi recuerda en algunos de sus sonidos a la banda sonora de “Los Cazafantasmas”. Es una pieza que juega de alguna forma con el nombre de la banda, derivado del abecedario, casi instrumental, donde lo vocal emplea el uso de los coros y sirve para que la banda y sus componentes de aquel tiempo se presenten, por orden Martin, Mark, Eden y David.

7. “How to be a millionaire”: Después de los temas más experimentales del disco, retomamos el pulso con la canción título (salvo por una palabra). Otro de los singles, con gracioso videoclip de dibujitos animados, en el que hay un momento hipnótico y delirante en espiral, y otro acierto para promocionar el disco (en este caso, considero, que tanto visualmente como musicalmente). “How to be a millionaire” es de ritmo terco y a ratos obsesivo y hasta hipnótico. Otro pequeño clásico del disco para el repertorio del grupo.

8. “Tower of London”: Gran tema “Tower of London”, que conozco desde hace mucho tiempo (desde diciembre de 2001 cuando me compré aquel “Master Series”, recopilatorio del grupo donde se incluía), pero que no valoré hasta hace unos años. Es una pista que tiene un sonido muy hermanado con la apertura de “Fear of the world”. Por mi caso personal, podría decirles que esta “Tower of London” es una grower, término muy utilizado últimamente; con esto, si no les llama de inicio, denle mucho tiempo, incluso años, que, como fue mi caso, termina llegando.

9. “So hip it hurts”: Con la festiva y despendolada “So hip it hurts”, cerramos el capítulo de excesos de la obra. Personalmente no me gusta en exceso. Los coros de gritos del estribillo son lo que más se me queda de esta canción que busca fusionar el funk con el techno pop ligerito.

10. “Between you and me”: Afortunadamente el disco cierra de forma excelente. Lo hace con otra de las joyas que incluía aquel “Master Series”. “Between you and me” es una delicada baladita, que completa el dúo en ese estilo con “Ocean blue” y para mi gusto es incluso mejor que la otra que fue escogida como single. Sin embargo, no le queda mal el papel a “Between you and me” de “joya oculta” que pone fin a un disco que, salvo algún exceso o ida de olla, es de notable solvente. Nuevamente el papel del saxofón juega a favor del resultado y le concede una elegancia plus a esta pieza.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
El disco no tuvo un resultado comercial tampoco muy allá. Si bien a día de hoy está bien valorado por la crítica. Y nosotros no somos una excepción. Musicalmente está muy bien. Se escucha rápido y si bien no es un disco de sonido muy atemporal, sí que, por otro y lógico lado, es paradigmático del estilo pop más genuino de mitad de los 80.

No sé si durante la promoción del disco ya Martin Fry decidió prescindir de David Yarritu y Eden, ya que en algunos videoclips no aparecían. El grupo para el siguiente disco ya se quedó en dúo formalmente con Mark White como segundo de a bordo y se mantendrían así hasta mitad de los 90. “Alphabet City”, retornaba a la seriedad formal visual (ya desde la portada del mismo) y en lo musical el grupo seguía atinado; también mejoró en los charts con respecto al que tenemos. Del siguiente “Up”, de notable giro estilístico, ya hicimos su post, el cual les recomiendo recuperen y lean.

Este disco, de portada acorde con la imagen que (creo erróneamente) el grupo quiso transmitir al grupo en aquellos días, es por otro lado el disco más valorado del grupo por mucha gente después del masivo “The Lexicon Of Love”. Yo soy bastante fan de lo que ABC han hecho a lo largo de su historia y no sabría decirles con cual me quedaría después de “The Lexicon Of Love”, que en mi caso también es mi favorito.

En todo caso, “How To Be A ... Zillionaire!” es un álbum más que aprovechable. Ofrece como poco 5 canciones más que aprovechables, e incluso puede que para ustedes sean de su agrado las pistas que a mí menos me llaman la atención. Si les causa algo de vergüenza ajena el look del grupo en la promoción de este disco, hagan el favor de dejarlo de lado (vean el videoclip de “All of my heart” para ver la elegancia en su máxima expresión de ABC) y céntrense en su contenido musical. Les hará bien.
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martes, 13 de marzo de 2018

Concierto Orchestral Manoeuvres In The Dark. Madrid (15-02-2018)

Después de 7 años desde su última visita a Madrid, OMD volvían de nuevo a la capital para presentar su último álbum “The Punishment Of Luxury” publicado el pasado año y, como no, hacer un repaso por su extensa discografía. En mi opinión la reunión de OMD en la segunda mitad de la década pasada fue un gran acierto y creo que la más digna que se ha producido en lo que respecta a un grupo cuya mayor producción se efectuaría en los años 80. Los conciertos de OMD en España desde que se volvieron a reunir se han traducido en enormes éxitos, aunque hasta ahora en salas pequeñas y festivales. Era lógico que en esta nueva gira los recintos fueran más grandes, de hecho en su concierto de 2011 en la difunta sala Arena se agotaron todas las entradas, al igual que se volvieron a agotar esta vez en la sala Riviera, la más grande de la capital, lo cual se puede considerar todo un éxito.
Había muchas ganas de verlos en Madrid, la gira de “English Electric” (2013) no pudo pasar por España tras la suspensión de la misma por la parada cardiaca del batería Malcom Holmes en un concierto, lo que finalmente le llevaría a dejar definitivamente el grupo y en 2015 ser sustituido por Stuart Kershaw que colaboraría con Andy McCluskey en la etapa en solitario de éste en los años 90. Poco tiempo antes del día del concierto me entero de que no estará la banda completa si no que actuaran Andy y Paul solos en plan dúo technopop; esto me decepcionó, esa austeridad no casaba con una sala llena a reventar de gente esperando la vuelta del grupo. Llegó el día y en la Riviera nos plantamos deseosos de reencontrarnos con Andy y Paul, escuchar algunas de las canciones de su más que aprovechable último álbum, además de recibir la inevitable dosis de nostalgia con sus grandes éxitos.
Conseguimos llegar a una buena posición para visionar el concierto, cuarta fila más o menos. Entonces entró en escena el artista invitado o telonero del cual no sabíamos absolutamente nada, pues nada se anunció previamente. Se trataba de la teclista Martha Hammond conocida por formar parte del grupo Sex Museum, y que presentaba su nuevo proyecto en solitario parapetada tras un montón de teclados y creando ambientes techno muy bailables que a veces sonaban muy alemanes con bases duras y otras nos llevaban a ambientes más hipnóticos y detallistas. Su pequeño concierto fue totalmente instrumental y sin descanso, como si fuera una sesión de dj. A mí me sorprendió y lo disfrute bastante.
Pero como era obvio todos estábamos esperando con impaciencia la llegada de OMD y no se hicieron esperar. Andy y Paul llegaron al escenario tras “La mitrailleuse” tema instrumental de su último álbum que ejerció de introducción para inmediatamente atacar “Ghost star” uno de los temas más destacados de “The Punishment Of Luxury” con sus densas atmosferas y un Andy McCluskey cantando de manera intensa y demostrando que no ha perdido de un ápice de su característico tono de voz. Tras este tema el grupo recibió una enorme ovación que les dejo completamente encantados, Andy nos dice que “hacía mucho tiempo que no estábamos aquí” y era verdad, unos 7 años, mucho tiempo para una ciudad como Madrid que siempre ha demostrado una especial devoción por este grupo.
A continuación Andy nos dijo que esa noche habría canciones nuevas, viejas y mucho baile. Entonces sonó la que es en mi opinión la mejor canción de su último álbum. Se trata de uno de los singles “Isotype” de potentes bases que contrastan con una de las mejores y más pegadizas melodías del dúo. Andy se encontraba en muy buena forma a sus cincuenta y tantos largos y no paró de moverse y animar al público en todo momento. “Isotype” sería muy bien recibida, casi como si fuera uno de sus éxitos sin para nada serlo. Entonces Andy cogió su bajo y nos dijo “el bajo significa canción antigua”, empezando a sonar los primeros acordes de “Messages” uno de los primeros clásicos del dúo incluido en su primer álbum homónimo de 1980. La reacción del público fue entusiasta coreando el estribillo del tema. Sin dejar el bajo Paul y Andy nos ofrecen la irresistible petardada de “Tesla girls” de su album “Junk Culture” (1984) que como era de esperar hizo bailar a todo el mundo.
Una de las mejores canciones de esta última etapa de OMD tras su reunión es “History of modern part 1” tema principal de su álbum “History Of Modern” (2010) y que sonaría pletórica esa noche, con un McCluskey entregado ya sin necesidad de su bajo. Le siguió una emotiva “One more time” de su último álbum, un tema simple pero efectivo y que tiene un muy logrado y melódico puente.
Llegó el primero de los momentos protagonistas de Paul Humphreys, en este caso con el éxito “Forever live and die” de su poco valorado álbum “The Pacific Age” (1986). Mientras Paul se ponía en medio del escenario, Andy se ponía tras el teclado de Paul bailando y dejando que las maquinas hicieran su trabajo, prácticamente no tocaría ni una tecla y es que en este formato de dúo la mayoría de la música la llevan pregrabada, tocando solamente algunas pocas melodías en el sintetizador.
El siempre ingenioso Andy nos introduce la siguiente canción cachondeándose un poco de Hollywood y de esos tiempos en los que eran famosos en América. Estaba claro que tenía que sonar su gran éxito americano “If you leave”, una canción que a mí sinceramente no me gusta por demasiado azucarada, pero que reconozco que forma parte de los buenos recuerdos de bastante gente de la que allí se dio cita y que en su día cayeron enamorados de Molly Ringwald y la película “Pretty In Pink”, en cuya banda sonora se incluyó este tema.
Tras esta concesión cinematográfica llega un bloque de canciones pertenecientes a su álbum clásico “Architecture And Morality” (1981). La primera en hacer aparición seria “Souvenir” teniendo Paul su segundo momento de gloria de la noche con Andy al bajo en un segundo plano. Un Andy que recupera su protagonismo en los dos siguientes temas “Joan of Arc” y “Maid of Orleans”, dos canciones imprescindibles en sus conciertos y que no necesitan presentación. Andy realizaría su clásico baile a lo Ian Curtis en ésta última y tras ella una enorme ovación del público deja al grupo paralizado; por la cara que tenían no se lo podían creer, estábamos a mitad de concierto pero cualquiera diría que era el bis final.
En este punto Andy y Paul podían haberse quedado durante muchos minutos recibiendo los aplausos del público pero había que continuar, lo hicieron con otro tema de “Junk Culture”, el medio tiempo “Talking loud and clear”, una canción perfecta para tomar impulso tras la descarga de energía anterior. Tras este tema llega el tercer momento estrella de Paul en la interpretación del que es hasta ahora el último single del grupo “What have we done”, otro de los momentos más notables de su último álbum. Esta vez Paul ha acertado al elegir su canción protagonista en el último álbum de OMD. “What have we done” sonó majestuosa con esos juegos corales que recuerdan a su mejor época.
Andy nos anuncia con sorna que a partir de ahora solo habrá canciones de pop comercial bailable y que si no interesa, los más intelectuales se pueden ir a casa. Así empezó la muy popera “So in love” de su álbum “Crush” (1985) que esta vez no contaría con el saxo de Martin Cooper, sino que éste lo llevarían completamente grabado (en “If you leave” también pasó). El pop comercial no pararía y sonaría el gran éxito “locomotion”, tercer tema de la noche del álbum “Junk Culture” que estaría muy bien representado en el concierto. Como era de esperar, llegó el tema que da título a su último álbum “The punishment of luxury”, un tema de electrónica bailable, fluido y con una de esas melodías características del grupo que se te quedan a la primera, fue la última canción nueva que tocaron demostrando que sus nuevas composiciones no desentonan para nada con sus clásicos. Íbamos llegando a la recta final donde sonó uno de los éxitos de la etapa en solitario de Andy al mando de OMD. Fue el muy destacado “Sailing on the seven seas” perteneciente al lp “Sugartax” (1991), un tema que destaca sobre todo por su excelente percusión y que pudo haber sonado mejor si Stuart Kershaw hubiese estado a la batería.
El broche final lo pondría el clásico “Enola gay”, incluido originalmente en su álbum “Organisation” (1980). Es quizás el tema más reconocible de toda la discografía del grupo ¿Quién no conoce “Enola gay”? Aquí la euforia del público fue algo que desbordó al propio grupo que no podía creer que minutos después de acabar la canción, los asistentes no paraban de corear el estribillo. Andy nos dice que volverán muy pronto y con la banda al completo; pude intuir un cierto sentimiento de culpa, ya que pienso que Andy y Paul eran conscientes de su gran triunfo con una propuesta escénica demasiado simple.
Como era obligado llegaron los bises que comenzarían con otro éxito de “Sugartax”, se trata de la entrañable “Pandora’s box” una de mis canciones preferidas de la etapa de los 90 de OMD que sonaría pletórica. El segundo bis fue para Paul que tendría su cuarto y último momento protagonista con “Secret”, otro tema del album “Crush”, mientras Andy se ocupaba del bajo. El punto final fue como no podía ser de otra manera fue el clásico “Electricity” su tema más antiguo y también el más rápido (así lo presentó Andy). El grupo se despide de nosotros tras ser repetidas veces ovacionado dándose todo un baño de éxito.
OMD nos ofrecieron un concierto en el que brillaron sus últimas canciones que supieron combinar a la perfección con sus éxitos más conocidos. Desgraciadamente fueron muy conservadores con el repertorio: un álbum tan importante como “Dazzle Ships” (1983) no estaría representado por ninguna canción y tampoco hubo ninguna canción que no fuera previsible. En definitiva asistimos a un gran triunfo del grupo cuyo espectáculo se vería afectado por una austeridad extrema; muchas canciones pierden bastante empaque en este limitado formato. Además esto no se vio ni siquiera parcialmente compensado por el aspecto visual. En este sentido OMD no ofrecieron nada, ni proyecciones, ni videos, ni siquiera un miserable decorado, tan solo una cortina negra tras el dúo. Es cierto que muchos harán hincapié en que con tan pocos medios consiguieron tener un éxito enorme, pero yo pienso más bien que una gran noche como la que vivimos pudo ser una velada extraordinaria si no hubiesen sido tan parcos en su propuesta.

Texto y fotografías: Alfredo Morales.
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viernes, 9 de marzo de 2018

Temporada 9/ Programa 9: Tears For Fears y “The Seeds Of Love” (1989)

Escogemos otro de los discos míticos que Curt Smith y Roland Orzabal facturaron en los años 80, antes de que se separaran durante un largo periodo de tiempo. “The Seeds Of Love” vio la luz 4 años después del masivo “Songs From The Big Chair” y no resultó nada continuista del predecesor, pero resultó igualmente magnífico.

La cita será este sábado 10 de marzo de 2018 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). El programa estará lleno de buena música a base de algunas de las canciones del disco que nos ocupa y, como no, contará con nuestras impresiones personales sobre la banda y la obra. Les esperamos.

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martes, 6 de marzo de 2018

Festival Steampunk -La Broma Negra + Spirax-. Alcalá de Henares (03-03-2018)

SINOPSIS (por Víctor Prats).
Lo teníamos presente, pero, por motivos personales que no viene a qué desvelar, hasta última hora no tuvimos claro que pudiéramos acudir al evento que nos ocupa. Finalmente, mereció mucho la pena realizar el esfuerzo. Pudimos ver a La Broma Negra en concierto previo al lanzamiento de su nuevo disco y de paso a la compañía Spirax en un espectáculo de danza muy llamativo. Todo esto en el festival Steampunk, en el que la triunfadora de la noche fue Laura Pérez, como ya sabrán los seguidores de La Broma Negra componente de pleno derecho del grupo y además jefa de la compañía de danza Spirax.
Todo ello tuvo lugar en el Green Irish Pub, un lugar más que apropiado para conciertos del que no conocíamos aún su existencia, situado en el casco histórico de la ciudad en cuya radio universitaria tenemos desde hace tiempo cabida en nuestras peripecias radiofónicas; de paso, personalmente curé mi malditismo de no haber visto a LBN en dicho municipio hasta la fecha, a pesar de que han dado numerosos conciertos en los últimos años en la ciudad complutense.
Comenzó en primer lugar el concierto de La Broma Negra. Algo más de una hora para un repertorio que mostró una selección de los temas más efectivos de la discografía de la banda. Comenzando por “Heridos” y llevando a un público nuevo varios de sus temas de distintas texturas como resulta partir de la solemnidad de “Los cuerpos celestes”, pasar por el momento bailable y obsesivo de “Franco tenía un polvo” o por el preciosismo que desprende la genial “Rey Cuervo”, que además fue uno de los temas que el grupo seleccionó de su nuevo disco para ofrecernos esa noche. La banda se valió del telón de fondo para proyectar varios de los videoclips de las canciones que seleccionaron para su show, cosa de mucho acierto, ya que con mucho ingenio el grupo es capaz de cuidar muy bien su aspecto audiovisual y ofrecer cada cierto tiempo notables videoclips de sus temas. 
A ratos me dio por pensar en lo adecuado que sería hacer un dvd multicamara de un concierto de La Broma Negra que permitiera seleccionar cada una de las actuaciones individuales de sus cuatro componentes, porque todos resultan llamativos. Más allá del notable papel de frontman de Carlos Caballero en el micrófono, muy activo durante todos los conciertos y sin excepción en esta noche, es digno de reparar el proceder de Álex Gómez en su guitarra (muy acertada esta última, la cual en muchos momentos –coincidimos Mariano González y yo- nos evocaba a la de Robert Smith en ciertos momentos de los 80), el de Laura Pérez desde su recinto de percusión, con sus movimientos de danza y gesticulación notable al apuntalar las bases rítmicas del grupo, y también David Infantes, con esa forma tan personal de encargarse de las melodías sintéticas con el teclado en posición de 45 grados.
Después del concierto de La Broma Negra, Laura Pérez y sus compañeras de Spirax, nos ofrecieron un buen rato a base de varios números de danza en conjuntos de distintos números de componentes, muy visuales y acompañados de una buena y acertada instrumentación de corte algo medieval. Sin ser un experto en esta disciplina artística, he de decir simplemente que me gustó y completó un más que apañado plan cultural para un sábado noche que se precie. Desde “DMR” apoyamos propuestas como ésta. Les dejo ahora con el texto de Mariano González, que se explayará un poco más que yo.

CRÓNICA (por Mariano González).
Hace poco nos perdimos un concierto de nuestros amigos de La Broma Negra en Rockola y no era de nuestro agrado hacerlo por segunda vez. Nos gusta su música y nos gusta su directo. Afortunadamente hemos tenido una pronta ocasión para desquitarnos con su actuación en el Green Irish Pub de Alcalá de Henares, dentro de lo que sería una noche dedicada al Steampunk. No era la primera vez que en “DMR” nos desplazábamos a la ciudad complutense para tal fin; allá por abril de 2013 Alfredo Morales y servidor fuimos a verles a la sala Tic-Tac, cuando todavía eran un dúo. Ciertamente ha pasado agua bajo el puente, y desde hace algún tiempo vengo encontrando algunas dificultades para andar, con lo que mi asistencia hubiera sido prácticamente imposible sin el concurso y la siempre excelente disposición de la gente que me rodea. Agradezco por lo tanto a Víctor Prats y a su novia Susana que me facilitaran el desplazamiento en automóvil hasta la puerta misma del evento.
Y franqueando la puerta descubrimos un lugar ciertamente interesante. The Green Irish Pub es un notable bar irlandés, amplio, y con salas dedicadas ya bien al dignísimo esparcimiento de tomarte una birras con los colegas, o bien a la música en directo. Eso sí, sufrí el tormento personal de las escaleras, pero salí más o menos airoso. Hicimos tiempo tomando unas cervezas, mientras sonaban a toda piña Hole o Led Zeppelin, hasta que vimos aparecer a Carlos Caballero, cuyo afectuoso saludo nos informó de que ya casi estaba todo a punto para ir a la sala de la música en directo propiamente dicha. Una vez allí pudimos saludar también a Álex Gómez y a David Infantes y aún nos dio tiempo a tener una charleta con ellos sobre su inminente nuevo disco (el próximo 6 de Marzo sale) y sobre el ya inmediato concierto. Siempre disfrutamos de estas conversaciones con ellos y además nos adelantaron que probablemente cayese alguna canción nueva dentro del set list.
Cosa importante, al menos para mí. Pude ver sentado el concierto gracias a una silla traída ex profeso desde la escuela de danza de Laura Pérez. No queda otro remedio sino estar agradecido por este detalle, sin el cual difícilmente estaría escribiendo esta crónica. Antes de empezar a desgranar lo que sería la noche, es bueno que expliquemos en qué consistió el evento. Sintéticamente podríamos decir que era una suma de música y danza, ocurriendo en primer término el concierto de La Broma Negra y posteriormente un espectáculo de baile ofrecido por la Compañía de Danza Spirax; liderada por la batería del grupo, Laura Pérez. Había un espíritu conceptual que impregnaba ambas disciplinas desde la perspectiva del steampunk y que se notó en estética, bailes y esencia.
El lugar nos sorprendió gratamente y no es mal sitio para ver música en directo. Desconozco la escena musical de Alcalá, pero puede ser un punto importante. Brujuleando por la red he visto que artistas de raigambre como Coti u OBK, tocarán allí en fecha próximas. En cualquier caso llegó el momento del comienzo de la música. Si han asistido a algún concierto de La Broma Negra ya sabrán que la estética es una parte medular de la banda y siempre suele ser cuidad y llamativa. En esta ocasión fue relativamente sobria, si acaso hubo alguna referencia al steampunk (como los sombreros con gafas). Y aun así su estilo siguió siendo perfectamente distinguible. El sonido, por cierto, impecable. Todo sonó vivo y potente. Me permitirán que destaque algunos bienvenidos toques de guitarra de Álex que, cosa que comentamos Víctor Prats y yo luego, podían recordar a la estilística de The Cure. Hubo un detalle visual que aumentó el valor añadido del directo. Estamos hablando de las proyecciones que hubo al fondo del escenario y que iban en sincronía con la música que se estaba interpretando. Algunas eran vídeoclips clásicos, de toda la vida, grabados en su momento para acompañar a las canciones y otras fueron, me da la impresión, elaborados con el fin de servir exclusivamente como proyección. La idea fue buena y la impresión fue notable, salvo por la pequeña anécdota de que los entresijos del cambio (amanuense) de un archivo a otro también se reflejaron accidentalmente en la pantalla, con lo que quedó al descubierto el setlist de la noche. Tampoco pasa nada, en realidad no hicimos mucho caso de este pequeño “spoiler”.
Si hay que empezar un concierto, se empieza bien y ya está. “Heridos” tuvo el honor de abrir el fuego y siendo esta canción tan apasionada como es, fue un magnífico acicate para encarrilar de forma inapelable el show. Muy buena batería de Laura Pérez y, como siempre, excelente desempeño como frontman de Carlos Caballero. Cuando la banda nos dijo que podía caer alguna canción nueva no nos engañaban, la siguiente canción en sonar fue “Banderas de nuestros padres”, que formará parte de su nuevo disco “Los extraños tienen mejores caramelos”. Canción más que interesante, con un comienzo abrupto muy contundente lírica y musicalmente, para luego progresar a un estilo hermoso no exento de intensidad. Puede ser un buen punto de referencia dentro del nuevo elepé. “Los niños de Dickens” es un momento que nunca falla, e invariablemente suele ser uno de mis momentos favoritos en los concierto de La Broma Negra. Es maravilloso ver en movimiento a la dignidad y a la belleza que desprende la canción. Por si fuera poco, creo que el siguiente tema tiene ciertas afinidades con ella y por eso está coherentemente elegido. Hablamos de “Los cuerpos celestes”, plena de lirismo y épica. Imprescindibles fueron los ornamentos al teclado de David Infantes y el baile alado de Laura Pérez.
La siguiente fue, personalmente, una sorpresa. No había oído en directo “Una mujer enamorada es otra forma de terrorismo” desde el concierto en Alcalá que mencioné hace algunos párrafos. Es de justicia decir que revisando otras crónicas de conciertos de La Broma Negra donde no he estado veo que sí ha caído alguna vez que otra. En cualquier caso fue un momento, a mi entender, divertido y plenamente disfrutable (qué gracia me hace eso de “un poco Antiguo Testamento”) “Nieto de maestro de escuela” puede perfectamente ocupar un puesto en el pódium de mis canciones favoritas de La Broma Negra, así que como podrán imaginarse necesariamente esa canción fue un momento totalmente a destacar para mí. Qué formidable muestra de amargura e ingenuidad y qué fenomenal interpretación. Cumplió sobradamente con lo que se puede esperar de ella. La proyección del fondo, por cierto, fue de la más curiosa; entre un conglomerado de imágenes que bien pudieran ser de la posguerra, se insertaron otras del disco “Deseo Carnal” de Alaska y Dinarama y de Pedro Almodóvar.

Tiempo de volver al que es, por poco tiempo, su último disco de la mano de “La enfermedad del beso”. Buenas partes de guitarra de Álex y un estribillo particularmente muscular. Como inciso diremos que las proyecciones más que distraer amplificaban el efecto de las canciones; en algunos versos en particular fue una sensación particularísima el verlos reflejados al fondo, a modo de “lyric video”.
No nos movemos de álbum y saltamos hacia “Franco tenía un polvo”, con su incitación al frenesí bailable y a la catarsis. Esas maravillosas bases electrónicas son un chute apoteósico muy propicio para cantar, como así fue, a pleno pulmón la traviesa letra de Carlos. Un momento que fue puro espectáculo. Continuando con la racha de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” llegó el turno de “Las chicas del Corte Inglés” que aguantó la difícil tarea de que la intensidad del concierto no sufriese incómodos bajones de intensidad. Sólida como siempre. “Virginia en los infiernos” es un canción que tacita a tacita me ha ido gustando más con el paso del tiempo, convirtiéndose para mí en uno de los buenos momentos de “Déjanos La Luz Encendida”. Fenomenal estribillo que, como reza un verso de la canción, parece que desprende “millones de estrellas”. Otro de los segmentos de bellísima pegada de la noche.

Hedonismo es lo que nos hace sentir “Cenicienta”, que además nos sonó sensual y agradable. Buen momento para bailar y dejarse llevar. Laura Pérez coreografió estupendamente la canción, que incluso tuvo un gracioso complemento gráfico con la proyección de imágenes de la película homónima de Disney. Renegar de la tristeza, citando a la letra, es lo que hizo “Balas para matar el tiempo”, uno de los momentos más luminosos de La Broma Negra en estudio y en directo. Por mucho que haya “demonios que conocen tu nombre”. Buena dupla junto con “Cenicienta”, conformando una buena trabazón pop, divertida y cantable. “Su decisión mi capitán” se ha convertido con el tiempo, por méritos propios, quizá en el estandarte de “Desilusiones De Grandeza”. Su extenso y épico estribillo es arrasador, no deja indemne al oyente. Y menos en directo.
Lo siguiente, tiene el interés de la novedad y seguramente pronto el del encanto de la melodía. Nos referimos a “Rey Cuervo”, segundo adelanto de lo que será el próximo disco y un monumental contraste con la devastadora “Demonios en el jardín”, la primera muestra del mismo. “Rey Cuervo” es una canción, melancólica, melódica y tirando a relajada. Sin duda está hecha con buen gusto y puede dar mucho de sí próximamente. El vídeo musical se pudo ver en las proyecciones y no está nada mal, elegantemente sobrio y en perfecta simbiosis con la canción. Hay un detalle, no obstante, que la diferenció de su versión en estudio y es que no hubo participación vocal de Laura Pérez, a diferencia de lo que ocurre en el single, donde su voz tiene un importante papel. En general, o eso me dio la impresión, Laura participó menos en los coros que en otros conciertos, donde aparte de percusión y baile ejercía prácticamente como segunda voz. Por lo demás, creo haber visto en internet que la canción está dedicada a Leonard Cohen, lo que no deja de ser un punto a su favor.
Otro punto fuerte de “Desilusiones De Grandeza”, como es “Protege tus secretos”, sonó a continuación, aumentando la imparable colección de estribillos épicos y emocionantes. Es una de esas canciones que apetecen cantar por la fuerza de la música y la hondura de la letra. Y llegó el final del concierto, que en ocasiones La Broma Negra decide servirlo al público en su faceta (por así decirlo) más atmosférica. Canciones del tipo “Fantasma” o “El descanso de los bañistas”. Pues en esta ocasión el cierre fue con “Cuidado con los que matas”, que podríamos decir que cumple razonablemente estas condiciones. Sus sinuosas estrofas y la decadente tristeza del estribillo le dejan a uno meditabundo, pero con buen sabor de boca. Final de corte clásico y totalmente satisfactorio. Si miramos con detenimiento el setlist, fueron en total dieciséis canciones, lo que (a falta de haber cronometrado la duración) hace que se superara ligeramente la hora, que era la previsión inicial que había. El disco más representado, con cinco temas, fue “Joyas De Princesas Muertas”, que sigue siendo todo un reservorio de clásicos y de temas infalibles. Así con todo, la partición entre discos fue equilibrada, incluyendo la añadidura de dos canciones nuevas. El lanzamiento de “Los extraños tienen los mejores caramelos” traerá consigo nuevas propuestas, algunas de ellas se convertirán incluso en clásicos y por lo tanto podremos disfrutar de un repertorio más enriquecido. Si bien la banda tendrá que sudar tinta para elaborar los setlist; no es posible tocar en una sola noche todas las favoritas, habría que hacer cinco horas de concierto.
Tiempo después para el espectáculo de danza. Pido disculpas por adelantado; de música algo sé, no si mucho o poco, pero de danza no sé absolutamente nada. Puedo decir, como cualquiera, si me gusta, si me es agradable, si lo veo armónico, o atribuir cierto mérito a una coreografía, pero a partir de ahí nada más. Todo ello por instinto, sin mucha base. El espectáculo lo ofreció la Compañía de Danza Spirax, a cuyos mandos estaba Laura Pérez, que tras dejar las baquetas y descansar en el intermedio volvió a subirse al escenario para bailar junto a sus discípulas. El concepto, o el espíritu, del espectáculo tenía que ver con el steampunk. Esto pudo verse en la indumentaria de las seis chicas, a base de corpiños, elementos victorianos y una imagen en conjunto tirando hacia lo gótico. La presentación la llevó a cabo una voz en off (¿era David Infantes?) que en conjunción con las proyecciones de máquinas de vapor, engranajes y tecnología retrofuturista nos mostró parte de las ideas que se mueven tras los bailes.
El espectáculo se dividió, digamos, en varios cuadros o segmentos. Cada uno de ellos evocaba una situación distinta; a veces las chicas parecían remedar la mecánica de un reloj, otras veces una escena aérea e incluso hubo una parte, un tanto marcial, donde se sirvieron de dos sables para la coreografía. En función del cuadro que correspondiese podía estar involucrada toda la compañía, o bien solo algunas de las chicas. A mis ignorantes ojos todo pareció estar en su sitio. Me pareció ver un todo perfectamente coordinado (salvo por alguna música que entro a destiempo, pero eso no es culpa de las bailarinas), grácil y armonioso; un magnífico cálculo donde todo encaja con precisión, sin dejar de ser vivaz por ello. Se notó en la impecable complicidad entre todas, las largas horas que han tenido que dedicar a su pasión. A fin de cuentas, como decía un cartel allí mismo: “No bailo para ser feliz, soy feliz porque bailo”. En la música que sonó confluyeron arreglos orquestales con cierto toque de banda sonora y ritmos electrónicos con aromas orientales. Todo ello muy apropiado.
Acabado el espectáculo, la verdad sea dicha, nos marchamos con cierta prisa. Entiéndannos, estábamos lejos de nuestro feudo y el hambre, a eso de la medianoche, nos empezaba a apretar. Contra todo pronóstico aún conseguimos solazarnos en un Burger King en las inmediaciones de Alcalá, por cierto. Pero aún así lamentamos no haber podido quedar tranquilamente con nuestros amigos de La Broma Negra después del concierto. Hablar con ellos de música, y de lo que se tercie, es siempre un enorme placer para nosotros.
Afortunadamente, cuando estábamos a punto de enfilar hacia Madrid vimos a Carlos en la puerta del pub, y pudimos al menos despedirnos de él. Así que aprovechamos para enviar desde aquí un abrazo a La Broma Negra y agradecer, a título personal, a Laura Pérez que pudiera traerme una silla de su escuela de danza para que pudiera ver el concierto cómodamente. Nos fuimos a casa satisfechos, favorecidos por la bendita obstinación de La Broma Negra de no defraudar nunca a su público.

Fotografías y vídeos: Susana Hernanz y Mariano González.
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