sábado, 28 de junio de 2008

1980 The Cure - Seventeen Seconds

No podría perdonarme el hecho de que el primer disco del que hablara fuera de un grupo distinto de mi grupo origen: The Cure. No será la última vez que hablemos de ellos, básicamente porque tienen 13 discos (bueno casi, el 13º está por salir en unos meses) y aunque quizás no llegue a hablar de todos ellos, de alguno más seguro que os comentaré. A lo que vamos, empecemos a hablar del 2º disco de la historia de esta banda.

Comencemos con los antecedentes y situación de la banda en el momento en el que salió el disco a la luz. Tras un inicio más que prometedor con el ligero y fresco “Three Imaginary Boys” a Robert Smith, no se sabe muy bien por qué, se le vino el mundo encima. Este disco marca el punto de comienzo de una tormenta que aguantó en la parte musical hasta el estallido final de 1982 con el disco “Pornography” (el nombre lo dice todo) y en la parte personal hasta 1985 hasta que Robert Smith consiguió frenar tanto descontrol personal. Tras la grabación del primer disco la formación cambia (pronto empezamos). Se echa de la banda a Michael Dempsey, un bajista prometedor que había demostrado buenas maneras en el primer disco; el motivo: celos de un joven Smith que no soportaba que la prensa musical dudara mínimamente de quien era el líder de la banda. A cambio, el hasta entonces trío, compensa esa baja con 2 altas: una postiza, que fue la incorporación de Mattieu Hartley, propiciada para hacer más fácil la otra incorporación, realmente importante, la de Simon Gallup, ya que ambos tocaban en el mismo grupo. Robert Smith ya había colaborado previamente con Simon en un grupo de pega con el que sacaron un single más que apañado (el grupo Cult Heroes y su single “I’m a cult hero”).
Con todo esto Robert se encierra en su mundo para componer unas canciones en lo que sería el comienzo de su verdadera crisis existencial. El resultado fue pasar de un disco post-punk alegre y movidito a un lp austero, serio y con un oscurantismo más que importante. La trilogía que este álbum supone con Faith y Pornography se podría describir como que este es un disco de atardecer, en el que están llegando las nubes, Faith es el comienzo de la lluvia en noche cerrada (gris como su portada) y Pornography es directamente una noche de pesadilla como la que sufrió el personaje de Hutter en la película Nosferatu en su primera noche en la casa del conde Orlock.

Bueno, empecemos a hablar de las canciones propiamente dichas. El disco abre con “A reflection” un tema instrumental que ya demuestra un sonido distinto al del primer disco. Un ejercicio de economía de medios que refleja que con pocos efectivos puede llegar a generar fuertes sensaciones y crear tensión. Al final de la canción parecen escucharse como unos lejanísimos quejidos como si de una psicofonía se tratase; comienzo de la angustia y de las pequeñas y grandes cosas que, muy a pesar de Robert Smith, han hecho a The Cure abanderados del llamado rock gótico. Después de este comienzo inquietante nos damos de frente con un clásico de la banda: “Play for today”. Un tema siempre incluido en sus repertorios en directo y que resulta claramente efectista cuando el público corea las notas de teclado tan características que tiene. Se considera un tema pop, pero de alegre… en fin, llamémosle pop gótico por llamarle algo, pero creo que encajaría mejor en otro género. Robert Smith canta con rabia en la canción, dándole mucha credibilidad. Por otro lado, quizás esta canción supone el máximo lucimiento para el sr. Hartley en su corta trayectoria en la banda. Seguimos avanzando en la escucha y tras pensar que quizás este tema nos puede cambiar de dirección hacia los dominios de un sonido similar al del primer disco, al ser parecida en ciertos aspectos con las predecesoras “So what” o la canción título “Three imaginary boys”, rápido comprobamos que nos equivocábamos; “Secrets” supone la verdadera presentación en sociedad de Simon Gallup, con una línea inquietante de bajo y Robert Smith canta susurrando con síntomas de dolor en algunos momentos. Si no se presta demasiada atención y se tiene a un volumen bajo, a ratos puede parecer un tema instrumental. Esta canción es una de mis favoritas del disco y quizás de la historia de The Cure. Las letras hablan de introspección, de amor privado y del paso de los buenos tiempos (demostrado en frases: recuérdame de la forma que solía ser). Excelente canción. Pasamos a un medio tiempo, el que supone “In your house”. Esta canción es un pequeño descanso para que cojamos fuerzas, es de los momentos más calmados y lánguidos del disco, con una línea musical algo monótona que no termina de romper y que visto lo visto ya nos mantiene en tensión, pero en ella no encontraremos nuestros principales temores. Damos paso a 2 instrumentales seguidas: “Three” y “The final sound”. Canciones propiamente siniestras y que escuchadas en solitario, en la oscuridad y a determinada hora de la noche, suelen ser bastante resultonas. Todo ello nos da paso al verdadero clásico o joya de la corona. “A forest” es la canción que mejor podría definir el sonido clásico de The Cure, el correspondiente a su primera etapa (hasta el primer recopilatorio de 1986). Una producción con sonidos cortantes que hace que la batería de Lol Tolhurst suene casi a latigazos sordos, una línea de bajo nerviosa y trepidante protagonizada por Simon, los teclados lúgubres de Mattieu y la voz de Robert Smith contándonos la historia y angustia de una chica que se pierde en un bosque y que por más que lo intenta no consigue encontrar la salida del mismo. Una canción que sigue una estructura de subida de intensidad hasta que Robert Smith termina su parte vocal y que a partir de entonces va perdiendo poco a poco los instrumentos, quedándose en último lugar la línea de bajo de 4 acordes de Simon Gallup, en ocasiones muy alargada en los directos de la banda. Pasamos a otro tema de corte más alegre y más popero, si se puede decir, “M”, la letra no deja de tener carácter pesimista, pero en este caso la melodía causa otra impresión. No obstante, esta canción no deja de ser otro mero espejismo como lo fue en su momento “In your house”, ya que da paso a la oscura y decadente “At night”. Tema siniestro donde los haya y que va abriendo el camino a momentos realmente oscuros que en un futuro próximo encontraríamos en la discografía de la banda. El disco, cierra con la canción título (fórmula que repetirá The Cure en los 5 primeros discos de su historia). Normalmente estas canciones dejan la moraleja o idea principal que quiere transmitir Smith en sus discos. En este caso Robert dice cosas como el sueño tuvo que terminar, los deseos nunca se volvieron realidad todo ello en 17 segundos, una medida de la vida.

Carácter pesimista, desencantado, asqueado de la vida y reminiscente del sonido de Joy Division (sus verdaderos maestros) es el aroma que nos deja este disco. Recomendable para escuchar en los meses de octubre y noviembre a las 19h de la tarde cuando empieza a oscurecer el día, y si puede ser mejor en uno de esos días festivos (día de todos lo santos) en los que todo está tranquilo. En lo que respecta al grupo este disco, como ya he comentado, fue el que inició el descenso a los infiernos de Robert Smith tanto en lo personal como en lo musical. Tras la gira de presentación el cuarteto vuelve a ser trío al echar al teclista Mattieu Hartley, que por lo visto discrepaba con los arreglos finales de las canciones y al que Robert echó de la banda sin temblarle lo más mínimo el pulso, ya que de hecho no fue en ningún momento nadie importante en la banda… torres más altas caerían en el futuro… Para la crítica generalista musical es un disco que dentro de la trayectoria de The Cure está traspapelado al darle mayor importancia a discos como Disintegration, Pornography, Wish, The head on the door o incluso el excesivo Kiss me, Kiss me, Kiss me. Quizás sea mejor que inicien el camino de la banda por otros discos más accesibles, pero en todo caso, siempre y cuando estén familiarizados con el sonido que iniciaron Joy Division, creo que no les defraudará. Altamente recomendable.

4 comentarios:

El Mar no Cesa dijo...

Que buen blog... hay alguien más a quien la música le hace reflexionar y bueno, compartir sus percepciones.
Por eso, mi voto para ti en los premios 20 blogs (ahh y por la entrada de Rhe Cure, claro!).
Un saludo,
El Mar No Cesa.

Abacab dijo...

Muchas gracias por tus palabras. Siempre le anima a uno que alguien valore su trabajo. Por cierto, me gusta tu nick, también al igual que el mío está sacado de un título de disco. The Cure son básicos en mi vida, volverán a estar presentes pronto en otro artículo. ¡Ah! Y sobre todo muchas gracias por tu voto en el concurso; de no ser por ti me hubiera quedado con un rosco. Gracias por escribir.

prince michael PELAO III dijo...

a mi este disco simplemente ME ENCANTA...y simon es otro crack! tambien conocida la aficcion del falete gotico number 1 de reservarse acordes y cargarse a teclistas...yeee! saludos desde el futuro

Abacab dijo...

Prince michael PELAO III, cómo me alegra ver que has llegado hasta las entrañas más profundas y antiguas del blog! En serio, me pone muy feliz comprobar que estos artículos no están muertos y de cuando en cuando aún florece algún comentario como el tuyo.

Además, me he reido mucho con lo de "Falete gótico" jajajaja. Buena acepción para dirigirse hacia Robert Smith. En efecto lleva una serie de teclistas defenestrados muy importante: Hartley, Tolhurst, O'Donnell...

Gracias por escribir.