viernes, 16 de octubre de 2015

The Rolling Stones - Their Satanic Majesties Request (1967)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Los Rolling Stones son incombustibles. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase, cuántas decenas de miles? ¿Acaso Se puede decir alguno nuevo de ellos? En todo caso no es un tópico falso, recientemente han manifestado su intención de editar un disco, no han dejado de dar conciertos e incluso Keith Richards ha publicado un álbum en solitario, “Crosseyed Heart”, tras mucho tiempo. Tanto en este caso, como en el de otros ilustres, siempre me pregunto si su interés en la música continúa siendo genuino o bien se trata de una maniobra para añadir un cero más a sus cuentas corrientes. Romántico o ingenuo, me decanto por la opción del entusiasmo; supongo que si a los setenta y pico años continúas actuando en directo y piensas en crear nueva música, un halo de amor por lo que haces tiene que haber. Retomando la pregunta inicial, ¿se puede decir algo nuevo de los Rolling Stones? En la medida de lo posible, lo intentaremos.

Y lo intentaremos hablando sobre un disco relativamente desconocido pero de excelente resultado musical: “Their Satanic Majesties Request”. Aparte de aportar el sobrenombre de la banda, está insertado en un peculiar periodo de la misma. Me refiero al año 1967, que pasa por ser su año pop por antonomasia gracias a la publicación de “Between The Buttons”, “Flowers” y el disco que nos ocupa. De esto podemos sacar dos conclusiones: la primera es que los Rolling Stones son un grupo mucho más polivalente de lo que parece y pueden componer magníficas canciones pop (alejados del rock y del blues de sus inicios), del mismo modo que en el futuro pondrán un pie en el funk o en el punk o en la música disco. La otra conclusión que podemos sacar es el trepidante ritmo de grabación en los años 60, los Rolling lanzaron ¡tres discos en un año! Y con un nivel de relleno ínfimo. Algo no tan extraño en aquellos momentos, los Beatles lanzaron dos discos ese año siendo extraordinarios ambos. En fin, otros tiempos.

Comencemos a concretar. Hemos definido a nuestro disco de hoy como un disco pop; afinando un poco más diremos que es un álbum de pop psicodélico, y sin duda la referencia más lisérgica del catálogo de los Rolling Stones. Es bastante común que “Their Satanic Majesties Request” suela ser considerado como una especie de réplica del “Sargent Peppers” de los Beatles, incluso en el colorido de la portada, pero eso no acaba de ser del todo justo. Hay algún momento puntual que sí es reminiscente de los de Liverpool pero la sensación que me deja el álbum “stoniano” es que ahonda más en la psicodelia, incluso en algún momento hay desvaríos casi dignos de Syd Barrett. No voy a perder mucho tiempo comparando los dos discos, quizá prefiera el de los Beatles pero “Ther Satanic Majesties Request” no anda lejos… Lo cual es decir mucho teniendo en cuenta que la comparación se hace con un disco clave de la música popular. En cualquier caso el mencionado estilo hace que estemos ante una obra peculiarísima dentro de la discografía de los Rolling Stones, si acaso habría algún pequeño antecedente en la canción “My obsessión” del disco “Between The Buttons” (1967) y similitudes en canciones como “We love you” y poco más.

Las circunstancias de grabación son importantísimas en el caso de este disco y no precisamente para bien, al menos en principio. Poco antes de la grabación tres miembros, Mick Jagger, Keith Richards y Brian Jones, habían sido arrestados por presunta posesión de drogas, llegando a pasar incluso un tiempo en prisión. La consecuencia de todo esto fue un auténtico sindiós en el que el bajista Bill Wyman acabó un poco hasta las narices, su productor y manager habitual salen por peteneras, y será el propio grupo el que tenga que ponerse a trabajar en el papel de productores. A veces hay discos que son grabados en circunstancias tan adversas que cuesta creer que pudieran ser llevados a término, no digamos ya si el resultado final es realmente bueno. O eso me lo parece a mí. El propio grupo parece que no estaría de acuerdo conmigo y sus sentimiento respecto a este disco son ambiguos. Keith Richards, por ejemplo, solamente salva algunas canciones sueltas y añadiremos como botón de muestra que de las decenas de giras que han tenido los Rolling Stones desde entonces solamente han tocado en algún momento (tampoco muchas veces) dos canciones de este álbum: “She´s a rainbow” y “2000 light years from home”. A mí, ¿qué quieren que les diga?, me da exactamente igual; me sigue pareciendo uno de sus discos más vanguardistas, atrevidos y además divertidos. Tiene la virtud del riesgo y la cualidad de la frescura sin olvidar la sensibilidad pop.

Otro aliciente más es que participa la formación primigenia de la banda, o lo que es lo mismo: el mitiquísmo Mick Jagger en las voces y sin duda uno de los frontman arquetípicos de la historia del rock, el no menos celebre Keith Richards que pasa por ser una inmisericorde máquina de hacer riffs de guitarra (un poco menos presente esa faceta en este disco), el “chico para todo” Brian Jones (toca en este disco guitarra, órgano, mellotrón, flauta dulce…), Bill Wyman al bajo y con su habitual clase, y Charlie Watts con su estilo metronómico , talentoso y mucho más importante de lo que parece. Es decir, pura mitología stoniana. Además se hacen acompañar de una serie de excelentes músicos de estudio, algunos de cuales llegaron a ser auténticos clásicos: Nicky Hopkins e Ian Stewart por ejemplo. Dado que Brian Jones murió dos años más tarde, ésta es una de las últimas ocasiones en que interaccionan los miembros originales.

Como decíamos anteriormente, debido a las circunstancias aledañas a la banda, el disco debió de ser producido por los propio Rolling. Y el resultado… No está nada mal. El disco suena bien y el espectro estilístico es relativamente amplio: divagaciones psicodélicas, pop rock de toda la vida, baladas casi orquestales de carácter naif, alguna reminiscencia blues. Y todo plasmado de una forma más que correcta. Además hay que destacar que desde su disco “Out Of Our Heads” (1965) su crecimiento como compositores es enorme, hasta entonces se habían basado en versiones y canciones ajenas (su primer single “I wanna be your man” está escrito por… ¡Los Beatles!). Este crecimiento compositivo tan notorio ya viene de “Aftermath” (1966), que es el disco anterior al que nos ocupa hoy y donde ya predominaban las composiciones (y a gran altura) Jagger/Richards. No por casualidad este dúo es el centro creativo del grupo; me gustaría también dedicar una parcela de espacio a Brian Jones. En esta época, años 66-67, que resultó tan fértil y valiente, fue un elemento clave. En cada canción cuya ejecución resultase “exótica” Brian siempre es el que tocaba los instrumentos menos usuales, como por ejemplo el sitar, las marimbas, mellotrones, flautas, etc. Sin él los Rolling Stones no hubieran sonado tan frescos y originales en esta época. Incluso en algún momento se fue injusto con él: el clásico single “Ruby tuesday” (del disco “Between The Buttons”) está acreditado a Jagger/Richards cuando fue Brian quien la compuso junto con Keith Richards. Quede constancia.

También sería interesante situar el contexto musical en el momento en que fue lanzado nuestro disco de hoy. Lo más evidente es que la psicodelia estaba por doquier, varios de los discos clásicos de este gran año tienen esa vertiente: psicodelia exquisita (The Beatles y su “Sargt. Peppers Lonely Hearts Club Band”), guitarrera (Cream con “Disraeli Gears” o The Jimi Hendrix Experience con “Are You Experienced?”) paranoica (Pink Floyd y su “The Piper At The Gates Of Dawn”)… Los Rolling Stones no fueron ajenos a ese movimiento y se dejaron imbuir de todos estos brotes lisérgicos, tomando un poco de aquí y de allá pero sin resultar nunca una calcomanía. Todo lo contrario. Añaden a toda esta música en boga una fuerte personalidad y un trazo creativo que es personal e intransferible.

¿Qué quieren que les diga? No esperen a los Rolling Stones de “(I can’t get no) satisfaction”, “Honky tonk women” o “Brown sugar”. No hay grandes hits, ni es un disco representativo del grupo. ¿Y qué? Me encantan las salidas de tono de algunos de mis grupos favoritos. Me estoy refiriendo, qué se yo, a p.ej: “Zooropa” de U2, o “The Top” de The Cure por poner dos ejemplos. A veces estos discos atípicos nos muestran una visión alternativa, muy refrescante y creativa que además ayuda a no considerar a la música como algo rutinario o automático. Rompamos una lanza en favor de la exploración. Y no esperemos más. Pasemos a la música.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Sing this all together”: Sirve casi a modo de introducción del disco. Tal como indica el título es una canción un poco “sing-along”, donde cantan todos en coro siendo la voz cantante la de Mick Jagger. Es una canción de corte muy alegre, casi ingenuo pero que esconde segmentos instrumentales donde la psicodelia ya empieza asomar la patita. Buen y tarareable inicio. Y empezamos a tomar conciencia de que estos Rolling son otros.

2. “Citadel”: Es corte más rockero del disco. La canción se basa en un potente y magnífico riff de guitarra “made in Keith Richards” que sirve de armazón para un buen rocker. Las reverberaciones a lo largo de la canción dan un toque evanescente muy resultón, incluso de cierto misterio. Es la perfecta fusión de los Rolling más clásicos con los más peculiares de este disco.

3. “In another land”: Uno de los singles del disco. Tiene la peculiaridad de ser una de las poquísimas composiciones de Bill Wyman. Incluso la voz principal es suya. Es una canción de pop psicodélico, de ambiente espacial y reverberante. La letra por añadidura nos trae imágenes un tanto surrealistas (castillos, árboles y flores azules, cielos que se vuelven rojos…). En un principio la idea de Bill Wyman era ironizar sobre la extraña situación del grupo, casi más pendiente de procesos judiciales y drogas que de otros temas. Mick Jagger aparece en el estribillo haciendo coros pero acaba comiéndose la voz de Bill Wyman. Buena y trabajada atmósfera.

4. “2000 man”: Comenzamos con una canción de corte acústico, casi folk, pero luego va cogiendo velocidad y cuerpo para ir ganando electricidad. Es una canción bonita en un principio y enérgica y desenfadada a posteriori. Mick Jagger en la letra imagina cómo será el hombre del año 2000. Entre otras cosas nos cuenta cómo este sujeto futurista (la canción se escribió en 1967) tiene un “affaire” con un ordenador. ¿Preveía Mick el cibersexo? Inquietante idea.

5. “Sing this all together (see what happens): Lo que pudiera ser una variación del primer tema del disco acaba siendo quizá la canción más radical, experimental y extraña de los Rolling Stones. Disonancias, distorsiones, improvisación, coros siniestros, extrañas instrumentaciones de viento… Un auténtico delirio de psicodelia salvaje que empata sin problemas con el lado más agreste de Syd Barrett. No traten de encontrar un patrón, no lo hay. Y sin embargo hay algo extrañamente atractivo en la canción, libre, indómito. No se sabe qué va a sonar en los próximos segundos mientras escuchas esto. Pues me gusta. Un disco entero así sería excesivo, pero puntualmente diseminado le da un toque muy especial conjunto. Como curiosidad decir que John Lennon y Paul McCartney participan añadiendo coros y percusión. Mick Jagger y Keith Richards, devolviendo el favor, también harán coros en “All you need is love”. Por cierto que la canción es larga (8:33) y los últimos 35 segundos corresponden a un track oculto de 35 segundos llamado “Cosmic christmas” donde Bill Wyman nos felicita las navidades con una monstruosa voz distorsionada. ¿No es encantador?
6. “She’s a rainbow”: Radical cambio de rumbo. No es ni más menos que una canción total y absolutamente pop, pegadiza, encantadora y sumamente exquisita. Y si no fíjense en la saltarina línea de piano, los preciosistas arreglos de cuerda (obra de John Paul Jones, futuro bajista de Led Zeppelin) y el excelente estribillo. Fue digno single y uno de las pocas canciones de este disco que ha sido interpretada alguna vez en directo. Casi imposible no tararearla.

7. “The lantern”: Un tema de corte muy clásico en este caso, haciendo hincapié en un sonido bastante más americano. El tempo de la canción es tranquilo y reflexivo y en cierto modo supone un contrapeso tanto a las agitaciones del quinto tema como a la alegría saltarina del sexto. No es una canción que destaque particularmente en el conjunto, digamos que es agradable y no baja la media del conjunto. Sin alardes.

8. “Gomper”: Vuelven las turbulencias y el lado más psicodélico del disco. Se trata de una canción de tempo y hechuras de música hindú pero tocado con guitarras eléctricas en lugar de sitares. La primera parte de la canción es reflexiva e hipnótica, pero a partir de cierto punto la cosa empieza a derivar hacia terrenos cada vez ácidos e intrincados, ahondando en terreno alucinógenos y divagantes. Después de “Sing this all together (see what happens)” contiene los minutos más radicales del disco. Quizá no tenga un fundamento melódico fuerte, pero me siguen gustando estas excursiones pintorescas por extraños derroteros.

9. “2000 light years from home”: Persistimos en la psicodelia, pero en este en caso en lugar de apostar por la radicalidad hace mayor hincapié en seducir al oyente. Cuidadísima atmósfera asentada en el bajo de Bill Wyman y en el mellotrón de Brian Jones para dar lugar a un ambiente tan espacial como misterioso. Y además la melodía es clara y nítida, buena muestra de cómo aglutinar psicodelia y pop. Con Pink Floyd, en este caso, compartiría las obsesiones “astronómicas” de Syd Barrett. La sensación de estar abandonado en el espacio lejos de casa no está mal reproducida (aunque quizá 2000 años luz sea pasarse una miaja) Llegó a ser single en Alemania. Es otra de las pocas canciones de este disco que ha sido tocada en directo alguna vez.

10. “On with the show”: Y para finalizar el disco tenemos a una ligera pieza de music- hall, desenfadada y sumamente británica. Si a esto le sumamos que en la letra Mick Jagger asume el papel de “maestro de ceremonias” dando la bienvenida a un show y despidiéndolo en la recta final de la canción, sí que podemos tener un cierto paralelismo puntual con el “Sargent Peppers” de los Beatles. No obstante, creo que tampoco es cuestión de ponerse pijoteros. La canción deja un regusto muy agradable al disco y da la impresión de que los Rolling también se divirtieron grabándola. Como curiosidad, en un pequeño segmento instrumental se incluye un pasaje de la canción tradicional paraguaya “El Pájaro Campana”.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
No duden ni por un momento de que este disco merece atención. Tiene la mala suerte de estar rodeado de auténticos tótems del grupo que contienen grandes clásicos que han acabado oscureciendo a “Their Satanic Majesties Request”. Particularmente a posteriori los Rolling encadenaron una serie de discos míticos (me referiré a los de estudio): “Beggars Banquet” (1968) que pasa por ser un disco hecho a base de viñetas de género americano inmaculadamente compuestas (además de contar con “Simpathy for the Devil”, quizá uno de los primeros rastros de rock con tintes latinos que se conozcan), “Let It Bleed” (1969) y “Sticky Fingers” (1971) con su fenomenal rock visceral... Y así podríamos referir unos cuantos más. Durante los años 70 los Rolling Stones mantuvieron bien el tipo, en especial con algunos discos con material de primera calidad como “Exile On Main Street” (1972) o “Some Girls” (1978) o bien con otros también infravalorados como “Black and Blue” (1976). Personalmente creo que el declive comienza tras “Tatoo You” (1981), desde ese momento, aunque con repuntes de cierto mérito, no volverán a alcanzar cotas que se puedas llamar “clásicas”. Incluso hay algún disco que me parece, personalmente, realmente flojo: “Undercover” (1983) y “Dirty Work” (1986). No tiene demasiada importancia, en una discografía tan sumamente enorme tener algún pequeño traspiés no es grave.

A “Their Satanic Majesties Request” le falta un clásico, un auténtico clásico, perdurable, de los que se tararean en los conciertos y se repiten en las radiofórmulas. Prácticamente todos los discos que hemos mencionado arriba como destacados los tienen, del mismo modo que algunos anteriores cronológicamente. Y el caso es que a pesar de que a ratos no es un disco particularmente comercial, sí que hay canciones que podrían haber quedado como temas a recordar en el repertorio reconocible del rock: “Citadel” tiene un característico riff de guitarra, “She’s a Rainbow” es enormemente pegadiza (al nivel pop de The Beatles o The Kinks) y “2000 light years from home” tiene un potencial melódico y atmosférico de primer orden. Supongo que el problema radica en que no es un disco característico, es un disco que estilísticamente se encuentra en territorio periférico en lugar de estar en el corazón, en la esencia. Pero todo esto son sutilezas, hay casos en los que el talento es más fuerte que el estilo. Éste es un uno de ellos. Personalmente este disco es un soplo de aire fresco en la historia de los Rolling Stones.

Por cierto, ya que este disco da pie al sobrenombre de la banda, comentaremos el origen del nombre álbum. Todo deriva de un texto que aparece en el pasaporte británico: “Her Britannic Majesty requests and requires” (“Su Británica Majestad solicita y requiere…”). Basta con adaptar un poco esa fórmula y voilá. Disfruten de la música.

Texto: Mariano González.