jueves, 26 de mayo de 2016

Concierto Bruce Springsteen. Madrid (21-05-2016)

El pasado sábado 21 de mayo de 2016 acudimos a las inmediaciones del recinto donde Bruce Springsteen ofrecía a su concierto en Madrid. Intenté conseguir entrada en su momento para estar a pie de pista, pero fue totalmente imposible. El encargo de la compra se lo hice a mi amigo César San Miguel, pero tras comprar las 6 localidades de asiento reservado para él y otros amigos suyos, el servidor no le dejó comprar un par de entradas para pie de pista que yo precisaba; cuando a eso de las 15h y pocos minutos llegué a casa, ya habían volado todas las entradas (todas, no quedaban ni las más lejanas de asiento reservado). Por tanto se nos planteaba de nuevo una situación parecida a la de 2012 cuando acudimos de oyentes y con fortuna incluso pudimos ver parte de la actuación. Además, en esta ocasión era un sábado por la noche, mucho mejor que la vez previa que fue un jodido domingo.

En esta ocasión incité a mi amigo y colaborador en el presente blog y nuestro programa de radio Mariano González para que fuera mi partenaire en estas circunstancias tan peculiares. El sábado por tanto partimos hacia el recinto y yo lo hice desde Torrejón en compañía de mi ya mencionado amigo César San Miguel y cia.. Llegué allí y me tuve que separar de ellos porque había un cordón policial de seguridad que impedía estar pegado a los muros del estadio como sí se podía hacer en 2012. Aquí abajo una de las fotos que César sacó desde su privilegiada localidad.
Al poco rato llegó Mariano en su taxi y estuvimos sentados en unos poyetes que hay al lado del Paseo de la Castellana. Viendo que el perímetro de seguridad de la policía no se levantaba, decidimos irnos por la zona de las calles Rafael Salgado y Padre Damián para buscar un lugar donde pudiera escucharse lo más nítidamente posible. Tras incluso ser requeridos por un agente de policía, que no nos permitía sentarnos en un bordillo de acera, el cual estaba fuera del perímetro en la zona del Colegio de San Agustín (que manda huevos…), nos situamos en un parque que se encuentra en el fondo norte en una bocacalle que parte de Rafael Salgado y ahí estuvimos las dos primeras horas de las 3 horas y 15 minutos de actuación que Bruce ofreció en esta ocasión en Madrid. La foto de aquí abajo, con un espontáneo, me la pasó mi amigo Andrés Vialás, que también tuvo entrada para el concierto.
Hasta que nos asentamos sentados en una zona de césped fueron sonando los primeros compases con grandes composiciones como “Badlands” y otros temas de mi gusto como por ejemplo “Cover me” y luego vino la parte en la que se prestó una mayor atención al disco “The River”, en teoría protagonista de la gira, que tampoco fue tan extensa como se iba a suponer. Ahí se escuchó con fuerza “Hungry heart” con el rugido correspondiente por parte de la audiencia nada más sonar sus primeros acordes y fuimos escuchando otros temas que nos hacían ver que el disco “Born In The U.S.A.” iba a ser el que se llevará la palma en esa actuación.
Por ejemplo, al respecto, una grandísima sorpresa fue “I’m on fire”. Una de mis canciones favoritas de su repertorio y que escuchamos realmente de forma muy clara desde el exterior del estadio, a pesar de que en algunas ocasiones pasaban camiones de limpieza que nos hacían perder calidad de sonido. Mariano y yo la habíamos mencionado unos minutos antes de que empezara la música en tanto a que nos agradaría escucharla. Además, en las tres ocasiones que había visto de alguna u otra manera a Bruce Springsteen, no había tenido la ocasión de vivir tan maravillosa canción en directo. Al día siguiente busqué algún video en Youtube grabado por la audiencia para recrear el momento sonoro que más he disfrutado en estas peculiares experiencias de audición presencial de conciertos. En los minutos que sonó “I’m on fire” el ambiente, incluso fuera del estadio, se hizo especial y los sonidos lejanos y elegantes de este clásico de culto del Boss envolvieron la noche madrileña de forma monumental. Es curioso que sin estar dentro del recinto, pueda ser una de las veces que sensaciones más especiales he sentido al escuchar una canción en directo. Abajo Mariano y servidor sentados en un terruño de césped frente al vallado.
Contra todo pronóstico cuando se superaban las 2 horas de actuación, un agente de policía nos dijo que nos iban a permitir acercarnos más: por fin el perímetro de seguridad se levantaba y viendo lo que había transcurrido intuíamos que una hora más de actuación íbamos a poder escuchar de forma ya más clara. Fuimos por el fondo norte a ver si a través de alguna de las puertas se veía algo y tras comprobar que no era así, regresamos a la puerta en la que estuvimos en el año 2012 con la satisfacción de ver que el escenario se había situado exactamente en el mismo lugar que la vez anterior, por lo que tenía ocasión de ver perfectamente a la banda alineada en el escenario. Por ejemplo, en la foto de abajo si la amplían y afinan la vista, allá donde el vomitorio y al lado de las piernas de la chica se ve a Patti Scialfa.
Ahí es cuando empezó el carrusel sin parada de hits absolutos del repertorio de Bruce cayeron “Born in the U.S.A.”, “Born to run”, “Dancing in the dark”, la versión de “Twist and shout” de The Beatles y se cerró el concierto con una versión acústica de “Thunder road” con Bruce Springsteen solo en las tablas frente al público que quería más. El bis fue movidito y a ello ayudó también la desenfadada “Glory days”, otro de los singles de “Born In The U.S.A.”, que claramente se convirtió en el disco protagonista de la noche en claro detrimento del supuestamente capital “The River”. Cuando finalizó la versión acústica de “Thunder road” se veía que no había para más y peleamos para coger un taxi, debido a las necesidades de Mariano (ahí me di cuenta cuánta gente se decanta por este medio de transporte), el cual pilotaba un chico de Valencia que hacía su primera noche de servicio, el cual me dejó en la calle Ezequiel Solana en el camino de Mariano a su morada.
Comentando algo más sobre el show antes de terminar mis disgresiones, a nivel de temas poco habituales destacaron en los bises “Tenth avenue freeze-out”, que ya sonó igual que en el pasado concierto de 2012 y más sorprendente fue la aparición del tema más desenfadado de “Nebraska” “Johnny 99”. Aparte de por la experiencia, vi notables paralelismos con su concierto de 2012, sobre todo en los que a los bises se refiere. Por ejemplo, en 2012 fue sorpresa que volviera al repertorio “Because the night”, cosa que en esta ocasión no me sorprendió tanto. Nos hubiera gustado que sonara “Brilliant disguise”, pero la que sí sonó, de sentires parecidos, fue “Human touch”. De “The Rising” no faltaron las troncales “Waitin’ on a sunny day” (quizás el gran clásico del Boss del nuevo milenio) y la canción título. Comprobamos con lástima que “Lonesome day” siguió en el olvido. Aquí abajo un plano aéreo que sacó un amigo de a la vez un buen amigo mío y compañero en mi equipo de fútbol, el ya citado en párrafos anteriores Andrés Vialás.
En esta ocasión el concierto duró algo menos que la vez anterior, pero no se puede pedir más a las 3 horas de show que se incluyeron. Desde fuera sonó de forma arrolladora y pudimos ver a Bruce en esa última hora de actuación desde la rendija de las puertas de acceso en la que nos situamos con su desbordante energía y con su impagable entrega a sus nada más y nada menos que 66 años. En la siguiente ocasión intentaré nuevamente adquirir una entrada de pie de pista y si no, ya sabemos dónde dirigirnos; lo único que espero es que por culpa de más fanáticos terroristas no tengamos que soportar un perímetro de seguridad de tanta distancia y que prácticamente duró durante todo el concierto. A continuación otra buena foto de César San Miguel, ya bien entrada la noche y avanzado el show.
La gente que estuvo dentro se quejaron mucho del sonido; nosotros la verdad es que no lo escuchamos nada mal, ni cuando estábamos a unos 80 metros alejados de las paredes del estadio ni cuando estábamos pegados a la puerta de una de las entradas. Comprobamos que no fuimos los únicos seres peculiares de la noche que fuimos a escuchar el concierto a los alrededores y que ni siquiera desistimos cuando se apreció lo del cordón policial de varios metros alrededor del recinto. En el parquecillo donde estuvimos las 2 primeras horas se acercaban varios curiosos que incluso se apoyaban en las vallas azules perimetrales o se tumbaban en el césped que estábamos nosotros a oír lo que Bruce estaba ofreciendo. Lo dicho, a ver si a la siguiente consigo estar nuevamente dentro y en esa ocasión a pie de pista, que es lo que espero. Veremos si quedan más visitas de Springsteen junto a la E-Street Band por Madrid. Ya tendrá 70 cumplidos lo más seguro. La energía le seguirá dando para ello. Seguro.

Ahora les dejo con la 2ª parte de esta peculiar crónica la cual va firmada por la otra parte contratante de esta particular noche de sábado, Mariano González. Que ustedes la disfruten.

Cuando era más bien jovenzuelo, no diré cuánto hace de eso, y empezaba a arrimar con intención melómana las orejas a los aparatos de radio había una serie de afirmaciones que, a puro de ser repetidas, se convertían en verdades casi inamovibles: Madonna era la reina del pop, los Rolling Stones (ya entonces) eran incombustibles y también se decía que la E-Street Band era la mejor banda en directo del mundo. ¿Era justa la afirmación? ¿Está la realidad a la altura de la leyenda? Como la experiencia es la madre de todas las ciencias, la única forma fiable de despejar la incógnita es acercándose a la música.

Por causas de diversa índole mi amigo Víctor Prats y yo no pudimos convertirnos en dueños de ninguna entrada y, como ya ha sucedido anteriormente en otros eventos, tomamos la consoladora y estratégica decisión de acercarnos a los aledaños del recinto del concierto (Estadio Santiago Bernabéu) con la experiencia de poder captar auditiva y quién sabe si visualmente la experiencia musical. El aspecto de las inmediaciones del evento alimentaba solo de verlo; resulta de lo más gratificante ver a una hormigueante multitud de personas preparándose para el ritual de diversas formas: apurando unas cervezas, participando en animadas tertulias (como Víctor Prats y yo), dirigiéndose exultantes al estadio… Era como si la infelicidad, de algún modo, tuviera prohibido el paso.

Sin embargo, lo que prohibía el paso era el dispositivo policial organizado, supongo, para la eventualidad de que pudiera existir un zumbado de mentalidad medieval pero paradójicamente armado con la última tecnología armamentística. Paranoia o afán de seguridad, no sabría qué decir, el caso es que nos sentó un poco mal que no nos dejasen acercarnos más a la música. Menos mal que mi amigo Víctor con su sabiduría e instinto para estas eventualidades consiguió conducirnos a los sitios más adecuados para un seguimiento razonable. Finalmente nos aposentamos en un césped cerca del vallado regentado por la policía donde el sonido era más que aceptable.
A todo esto, la música había comenzado (serían las 21:10). Para comprender el sentido y el tracklist del concierto hay que tener en cuenta que esta gira está especialmente centrada en “The River”, su icónico disco de 1980, de ahí que la mayor parte de la primera mitad del concierto estuviese poblada por canciones de ese álbum (si bien al final se esperaban más).

Por eso mismo quizá sorprenda que comenzase por “Badlands”, de su relativamente poco mencionado disco “Darkness On The Edge Of Town” (1978), pero la elección, aparte de original y acertada, fue una buena forma de entrar dando una patada en la puerta. Es entonces cuando te das cuenta de que la fama de la E Street Band es algo más que un tópico; sabes que su empaque y carisma no necesitan de una exquisita perfección técnica. A eso se le llama personalidad, señoras y señores. Los Van Zadt, Weinberg, Tallent, etc. pueden seguir reclamando tranquilamente su trono, aunque en la memoria aún estén Clarence Clemons y Danny Federici.

Los sonidos de animación ya eran manifiestamente notorios en estos primeros compases del concierto, a pesar de que fue la más “ligera” por así decirlo. Se iban intercalando temas de “The River” (“The ties that blind”, “Sherry darling”…) con otros cuyo renombre no es de nivel de clásico. Y sin embargo no estuvieron nada mal, ahí estuvo p.ej “Cover me” de “Born In The U.S.A.” (1984). Al rato, llega el primer tema de relumbrón, “Hungry Heart” y la subsiguiente reacción del público fue arrolladora, cantando buena parte de la canción. Es en estos momentos cuando Bruce equipara el ejercicio de su profesión de músico a la de un especie de sacerdocio laico mediante el cual mueve a la acción a miles de feligreses. Una palabra, un gesto suyo basta para desatar destellos de pasión. Para que luego hablen peyorativamente del “rock de estadio”.

Más temas de “The River” hasta que llega otra bomba de profundidad: “The river” (canción título). No es una canción para provocar oleadas de movimientos, pero es la faceta de contador de historias, de storyteller (perdónenme el anglicismo) que es otra modalidad distinta de conmover a un estadio. Por cierto, en breves instantes nos damos cuenta de que aparte de “The River”, ésta va a ser la noche de “Born In The U.S.A.”. Lo vemos porque Bruce prosigue con la inclusión de temas menos conocidos del álbum (“Downbound train”, “Working on the highway” o “Darlington county”) y por una de las agradables sorpresas de la noche: “I’m on Fire”. Esta canción pasa por ser una de las canciones más bonitas del Boss, sutil y desesperada a un tiempo; era además una canción esquiva dado que en sus inmediatas anteriores comparecencias en Madrid Bruce nunca había optado por tocarla. A Víctor Prats y a mí nos encantó este momento y el público pareció ser de nuestra misma opinión a juzgar por cómo participó de la melodía. Todo el Madrid circundante debería de haber sacar un mechero.
Mientras veíamos el concierto, una de la reflexiones que hacíamos Víctor y yo es que aunque Bruce y su banda son un grupo eminentemente rockero, no se basan de forma definitiva en la guitarra. En ese sentido son una banda bastante democrática, la batería (brutal Weinberg anoche), el saxofón y los teclados tienen numerosos momentos de mérito y lucimiento, a ratos estelar. La parte de los teclados por ejemplo es muy notoria en los temas de “Born In The U.S.A.”, y anoche tuvimos sobrados momentos para aseverarlo.

Poco a poco la música va pisando el acelerador, la intensidad va creciendo y tenemos la sensación de que estamos un poco más dentro de la ceremonia. Es ya la segunda mitad del concierto y el repertorio va variando. Una favorita de los fans como “Waiting on a sunny day” (luego ya vi que con niño incluido en el escenario), quizá una de las que más ha quedado de “The Rising (2002), consigue nuevamente conectar casi eléctricamente con el público a través de su luminosa y amigable épica. Canción propia de una fina estrategia para meterte al público en el bolsillo y que fue seguida por “Johny 99”, la canción más movida del introspectivo “Nebraska” (1982). Cosa por otra parte lógica, era el momento de la acción directa y la proactividad. Que no pare la fiesta, llega el momento de una canción con trazas de himno y resultados demoledores: “Becasuse the night”, la canción coescrita con Patti Smith, y que volvió a sacar brillo a la conexión Springsteen-público con su mayestático estribillo.

La conexión no se interrumpió para nada con “Spirit in the night” y para Víctor y para mí fue un momento destacado, pues en el ínterin entre ésta y “Human Touch” (muy bien el guiño a los noventa, y con Patti Scialfa) la policía decide levantar el perímetro de seguridad y franquearnos el paso para acercarnos al estadio. Se ve que la amenaza terrorista caduca a las dos horas (lo que llevábamos de concierto más o menos). Víctor, que ya se las sabe todas de su experiencia de 2012, nos condujo hasta la puerta más adecuada para impregnarse de concierto. No fuimos los únicos congregados allí y pudimos ver a variopintos seguidores del Boss tratando de sacar algo en claro (o sea, poder ver algo) pero que a la larga solían marchar desalentados, una vez que sus esfuerzos acabaron siendo vacuos. No obstante, no nos faltó compañía en ese punto. Víctor, aprovechando su envergadura, era capaz de ver parte del escenario y me pudo dar cumplido testimonio de cuanto veía.
Los bises, por si a estas alturas alguien se esperaba lo contrario, fueron pura dinamita. ¿Qué puede esperarse cuando suenan los mayestáticos teclados y la firme batería de “Born In The U.S.A.” (canción título)? Algo muy cercano a la catarsis, a la locura y a una incipiente afonía del respetable; nadie se guardó, todo fueron algarabía y gritos. Lo que siguió, fue una vuelta a la “normalidad”; hasta entonces no había tocado ni una sola canción de su clásico “Born To Run” (1975) cosa que me extrañaba muchísimo. Bien, pues llegó la canción título y la espera mereció la pena al ver el despliegue épico de artista y público. De hecho salvo por su ya clásica versión del “Twist and shout” el resto del repertorio se lo repartieron “Born In The U.S.A.”, con “Glory days”, “Dancing in the dark” y “Bobby Jean”, y “Born To Run” con “Tenth Avenue freeze-out” y “Thunder road”.

Ésta última fue la despedida del concierto y Bruce decidió tocarla él solito y en acústico. Yo quizá prefiera la potente versión en estudio, pero a veces en un concierto se agradece que se le den la vuelta a las cosas y se añadan otras perspectivas a las ya conocidas. Si se han dado cuenta, aparte de “Thunder Road”, he mencionado a toda una retahíla de clásicos que fueron recibidos con alborozo y contento con los fans. No podía ver a Bruce (salvo por las indicaciones de Víctor), pero a juzgar por el sonido que me llegaba de banda y público parecía que la E-Street Band se hubieran hecho con la propiedad del Bernabéu y estuviesen dando una apabullante sensación de dominio, de mando. Hay muchos sobrenombres musicales: “Leon de Belfast”, “Tigre de Gales”, “Genio de Minneapolis” (al que dedicaremos un programa este sábado, por cierto), pero si hay uno cuya coherencia es total es el de “Boss”. Él dirige, manda y ordena. ¿Y saben qué es lo mejor? Que él no pide pleitesía, no es un cantante mesiánico, no es una satánica majestad, sino que aparenta ser un artista a pie de obra, con la mayor excentricidad del rock de grandes masas: la normalidad.
Quizá por ello, tras la rendición acústica de “Thunder Road” y el fin de concierto, la gente que iba saliendo, en pos de metro o taxis, parecía en general satisfecha, feliz. He oído algún comentario sobre fallos en el sonido, pero sería un poco picajoso hacer de ello algo significativo, cuando lo que se vio el sábado fue un ejemplo de pasión, más que algo técnico y cerebral.

No se pueden objetar demasiadas cosas del tracklist, para los buenos conocedores del Boss probablemente las sorpresas fueran relativas, pero aun así el repertorio fue bastante menos previsible y funcionarial que el de otras bandas. Yo, por mi parte hubiera gustado de escuchar “Sad eyes” (sabiendo que es poco apropiada para un estadio), alguna canción de “Tunnel Of Love”, “Lonesome day” o, por ejemplo, el jolgorio luminoso de “She’s the one”. No obstante la noche invitó a la satisfacción, y en comparación con otras experiencias de “rondadores nocturnos de conciertos” (Morrissey, The Killers), la cosa siguió estando bien y con una mayor longitud (3h 15 min. aprox.). ¿Habrá más giras de Bruce y la E-Street Band? No se sabe, “El Jefe” manda. Esperemos que sí.

Texto: Víctor Prats y Mariano González.
Fotografías: César San Miguel, Andrés Vialás (y allegados) y Víctor Prats.

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